(…) las Farc se han radicalizado al regresar a etapas –que se consideraban superadas– de negación total de responsabilidad y de echarle la culpa de todo al Estado. Pretender que evidentes crímenes de guerra pueden ser justificados como lucha por la justicia social ofende la inteligencia de los colombianos, contribuye a reforzar la inmensa desconfianza que tiene el país en la guerrilla y le quita el oxígeno a un proceso de paz que en estos momentos lo necesita más que nunca. Lo que está sucediendo en el fondo tiene su origen en dos fenómenos independientes que, al acercarse la posibilidad de la firma de un acuerdo, confluyeron simultáneamente. El primero es una simple estrategia de negociación. La actitud de las Farc tiene una justificación en la teoría de que hay que mostrar músculo al llegar a la etapa final de las conversaciones en La Habana. Las cartillas sobre la solución de conflictos coinciden en que con frecuencia una de las partes busca reflejar fortaleza en ese mano a mano que definirá su situación. Pero en la Colombia actual esa estrategia es contraproducente. Con casi la mitad del electorado votando en las pasadas elecciones contra el proceso de paz de Juan Manuel Santos, las Farc, como lo dijo el mismo presidente, están jugando con candela. Santos ha estirado la cuerda hasta donde ha podido, pero tiene a Uribe respirándole en la nuca y también como él afirmó: “La paciencia de los colombianos no es infinita”. El segundo fenómeno es que no hay nada más difícil que negociar en medio del conflicto. Santos tiene la razón al haber exigido esa modalidad pues la experiencia del Caguán dejó claro que las Farc le sacan ventaja a cualquier concesión que se les haga. Pero como nadie va a parar si el otro no lo hace, la guerra sigue y las guerras limpias no existen. A eso se suma el problema de que las dos partes deben tener un doble discurso de mano tendida y pulso firme durante el proceso. De ahí que no solo las Farc, sino el gobierno, han caído en el juego confuso de que mientras el presidente habla de paz, el ministro de Defensa habla de guerra. Para la mayoría del país las Farc, al intensificar sus actos de violencia, no hacen más que dar una muestra de soberbia y provocación que no está sincronizada con el estado de ánimo nacional. Y el hecho de que en la última andanada terrorista las principales víctimas hayan sido civiles ha generado un nivel de indignación que no se veía desde hace mucho tiempo. La esencia del discurso presidencial es totalmente válida: la negociación en medio del conflicto exige como premisa que las hostilidades solo pueden darse entre combatientes. La cuestión es si las Farc y sus jefes son capaces de entenderlo o si la bruma de medio siglo de lucha armada los hace ciegos y sordos a sus evidentes responsabilidades en la victimización de cientos de miles de colombianos. ¿Percibe la guerrilla el efecto infinitamente positivo que tendría para la negociación si en lugar de esa retórica de arrogancia y de “yo no fui” intenta dialogar con un país que espera que acepten franca y abiertamente al menos parte de la inmensa dosis que les corresponde en estos 50 años de guerra?El caso es que está llegando la hora de la verdad para las Farc. Los puntos anteriores incluyeron concesiones en temas que les son sensibles, como el agro y la apertura política. Pero ahora, en el punto de víctimas, el proceso entra en otra dinámica y se llegó el momento de asumir sin ambages las responsabilidades, colectivas e individuales, que corresponden a las partes de un conflicto en el que todos recurrieron a las peores formas de violencia. Pocos creen que el presidente decida a estas alturas romper la negociación. Aunque él mismo señaló que la guerra debe ser entre combatientes y no contra civiles, lo cierto es que el conflicto colombiano se ha caracterizado exactamente por lo contrario y era de prever que atentados como estos de la guerrilla salpicaran la negociación. Como dijo monseñor Luis Augusto Castro: “Escaladas de violencia como la que estamos viviendo ha habido muchas, pero procesos de paz como este que estamos viviendo es único y singular”. Ojalá los traumas y la degradación del conflicto no descarrilen una negociación que ha avanzado como ninguna otra.

via La paz en aprietos, Nación – Edición Impresa Semana.com – Últimas Noticias.