Primero la intervención de AUV en el debate sobre paramilitarismo en el Congreso, de lo que se ha hablado ya bastante, bastante. Apoyada, claro, por intervenciones (como esta) igualmente poco fundamentadas, y agarradas siempre del apelo a los sentimientos y de la presentación de ‘argumentos’ falaces casi rayando el ridículo y el insulto a la inteligencia; eso o la evitación de respuestas reforzada por la contra acusación. Creo que para un analista de argumentación y lógica las intervenciones del CD en el debate debieron ser una sesión de stand-up comedy -yo estaba demasiado atónito para reír.

El ‘toping’ de este pastel es la violencia con la que se expresan, y la violencia que incitan -sin incitarla explicítamente, claro. Este toping, hay que decirlo, también se ha visto usado en manos de la izquierda y otras bancadas, pero el uribismo lo lleva a su máximo, sin duda. A esto se refiere un articulo en Semana, bastante sencillo, que menciona algunos de los rasgos anit-democráticos del “Centro” “Democrático”: ‘Que el más lacayo de todo el combo, ‘Pachito’ Santos, diga que “si llegan a ponerle un dedo a Uribe se incendia este país”, eso también es subversivo. Es un llamado a desestabilizar las instituciones en caso de que opere la justicia.’

Pero es que encima de eso, viene el comunicado del CD frente a la publicación de los acuerdos logrados en la Habana. Y antes de entrar en los ‘argumentos’ del comunicado, es pertinente resaltar que incluso miembros radicales del CD han reconocido dicha publicación como algo positivo; más aún, al mismo procurador Ordoñez le parece muy bien, según artículo de El Tiempo. Ello aparte del apoyo expresado, por ejemplo por la ONU -organismo en mucho cuestionable, pero cuyo apoyo en este tipo de procesos no deja de ser relevante por el peso institucional/internacional que implica- y de la gran mayoría de actores políticos en Colombia.

Lo importante es que el comunicado arremetió con sinsentidos contra la publicación de los acuerdos. Que sea evidente cómo el uribismo juega las dos bandas: sabotear el proceso y hacer “gestícos” de reconocimiento con los que lavarse las manos e intentar matizar su discurso anti-democrático.

Empieza el comunicado diciendo que los acuerdos publicados ‘no reflejan nada nuevo, dado que ya eran conocidos y se habían publicado con anterioridad’. Cierto que yo no estoy en el país y puede que no me haya enterado, pero tenía entendido que hasta ahora no se habían publicado dichos acuerdos y que lo que se conocía al respecto provenía de los comunicados conjuntos y las ruedas de prensa de ambas delegaciones. En la página oficial de la mesa dichos acuerdos aparecen publicados el 24 de Septiembre de 2014, un día antes del comunicado del CD.

Si esos acuerdos no se habían publicado, ¿qué quiere decir, entonces, el CD? Tal vez que los acuerdos no presentan nada nuevo y punto? Dudo que sea eso; claramente mucho de lo que se propone en ellos no se ha hecho en Colombia, con lo cual ese aspecto “novedoso” es innegable (más allá de las opiniones de cada cual frente a lo propuesto). ¿Querrán entonces decir que ‘no reflejan nada nuevo’ frente a lo que se había expresado en comunicados conjuntos? Si fuese así, ¿qué tiene de malo que los acuerdos en su totalidad estén directamente ligados a lo expresado en los comunicados? ¿No es, más bien, muestra de que la comunicación al respecto, aunque limitada, ha sido transparente?

Luego plantean la publicación de los acuerdos como una maniobra ‘muestra de la desesperación que ataña al Gobierno de buscar un respaldo ciudadano a la impunidad del terrorismo y de culpar a la oposición democrática del flojo progreso de las negociaciones’. Primero, no veo cómo puede la publicación de unos acuerdos verse como una acusación a la oposición ni a nadie. Supongo que por ‘oposición democrática’ se refiere al mismo CD, pero está claro que, por hechos como los comentados en el mencionado artículo de Semana, ellxs deben ser lxs primerxs en ser entendidxs como anti-democráticxs.

Pero la parte inicial de esta segunda cita tiene aún más pelos. A pesar de que, como lo muestra el citado artículo de El Tiempo sobre las reacciones frente a la publicación, la gran mayoría de actores políticos reconocieron el acto como uno positivo y de transparencia (incluidos miembros y simpatizantes del CD), el comunicado dice que se trata de desesperación. Solo puedo imaginar que tengan razón en tanto cualquiera estaría deseperadx por tener que lidiar con un adversario de argumentos tan absurdos y de costumbres tan inquietantes (vease la intervención de Iván Cepeda en el mencionado debate, la yidispolítica, la parapolítica). Pero también dice que se busca con ello apoyo a ‘la impunidad del terrorismo’, sin decir en ningún momento porqué esos acuerdos concretos la tendrían como consecuencia. Por el contrario, parece que un estudio más sensato de las posibilidades que traen dichos acuerdos nos la ofrece el portal La Silla Vacía. ¿Será posible que este grupo serio y recorrido de periodistas y analistas también es ‘servil del terrorismo’ en los ojos del CD?

Luego asegura que ‘es también claro que mientras en el Congreso de la República se discute una Reforma Constitucional(…), en La Habana se discuten otros temas que no se reflejan en esta ley, lo cual nos hace inferir que este proyecto será tiempo perdido.’ Para empezar, la última frase no permite entender cuál de los dos es el proyecto que el CD cree que ‘será tiempo perdido’. En todo caso, si dicen que en el Congreso se discute una cosa y en La Habana otra (que no se abarca en la anterior), lo más razonable parecería inferir que no se intervienen entre sí (no se presenta argumento de lo contrario), que no tienen, en principio, porqué ser tiempo perdido (de nuevo, más allá de opiniones individuales frente a cada discusión).

Prosigue el comunicado diciendo que ‘es sumamente preocupante ver cómo se busca confundir a la ciudadanía hablando de acuerdos ya firmados cuando existen más de 28 temas pendientes que las Farc exige se cumplan.’ Esto sí que es confundir a la ciudadanía! El mismo comunicado conjunto #44 que citan a continuación, habla siempre de ‘lo acordado’, nada de ‘firmado’. Para completar mencionan 28 temas que suelan al aire sin mención ni siquiera de uno.

Seguidamente añaden que ‘el comunicado conjunto número 44 expresa que en este momento existen dos agendas en la negociación: una que lleva el Gobierno y otra que llevan las Farc. Esas diferencias nos hacen creer que el proceso está lejos de culminar.’ De nuevo se intenta engañar haciendo de lo evidente una maraña. Si hubiera una sola y misma agenda (entiéndase intereses), no habría necesidad de negociación. La únicas implicaciones directas del hecho de haber divergencias son que a) hay divergencias y b) se podrían resolver mediante el dialogo (o la violencia, pero creí haber entendido que eso fue lo que intentamos los últimos 50 años y no fue muy bien). No hay que olvidar que una gran parte de los mejores especialistas en conflicto y en análisis político de Colombia han expresado apoyo (por su seriedad y por su ajuste al conflicto concreto) al modelo de negociación.

Finalizan pidiéndole al país ‘que no se deje confundir con los discursos pacifistas de quienes llevan las armas y siembran el terror’ y diciendo que ‘el único enemigo que tiene el camino de la paz son las Farc y sus crímenes’. La primera frase parecería una advertencia contra ellxs mismxs, pero viendo los comentarios de uribistas frente al comunicado, dudo que muchxs coqueteen con la crítica (auto-crítica) como forma de pensamiento. Por otro lado, las acciones y pronunciamientos del CD han dejado claro que son enemigos del actual proceso de paz, uno que tiene más apoyo popular y experto que cualquier otro antes en el país. Aceptando que las Farc son (por la definición que les imputa su accionar) enemigos de la paz -e ignorando que están negociando- la ultima frase peca, por lo menos, en lo de ‘único enemigo’.

Incluso antes de entrar en valoraciones de sus posiciones ideológicas, me parece sensato sospechar de este tipo de argumentación llena de enredos, tergiversaciones, verdades a medias y mentiras. Ello de ningún modo quiere decir que al revisar la mayoría de postulados políticos del CD la sospecha se disperse. Su tendencia autoritaria, sus relaciones sospechosas, su forma de hacer política no solo dejan mucho que desear, sino que llegan a asustar.