“En su proverbial tacañería, acaso esperen los empresarios ahorrarse su contribución a la paz. Pero, eso sí, beneficiarse de las oportunidades que el cese del conflicto traerá. Demuestra Ana María Ibáñez que, en paz, se ganaría el crecimiento una década. Crecerá la economía en 8,5 años lo que hoy en 18,5. Tal vez entonces decidieran nuestros empresarios proponer estrategias de industrialización y desarrollo rural, volver a montar fábricas, abandonar el poco patriótico oficio de importadores y especuladores financieros.

Mientras en países desarrollados el recaudo de impuestos representa 34% del PIB, no llega éste en Colombia al 13%. Salomón Kalmanovitz calcula en $510 billones los activos de las principales empresas colombianas. Activos cuyas rentas están exentas de impuestos. Tampoco tributan los ingresos por inversiones financieras, ni la minería ilegal, ni la tierra y el ganado. Más de la mitad de las empresas evaden impuestos. La reforma tributaria de 2012, y ésta, porfían en favorecer al capital y golpear al trabajo. Se le redujo a aquél el pago de parafiscales y no se compensó el faltante con otros impuestos. En cambio se elevó el IVA y ANIF aboga hoy por subirlo aún más. Las gabelas a los más pudientes llegaron el año pasado a $30,8 billones, 2,8 de ellos por impuesto de renta perdonado a multinacionales de minas y petróleos. A los capitales golondrinas, especulativos, de dudosa procedencia, arropados todavía con el manto de la “confianza inversionista”, se les bajó el impuesto de renta del 33% al 14%. En año y medio se quintuplicó su flujo al país.”

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