“Los salvavidas lanzados a la minería, como las licencias ambientales exprés, podrían no evitar su naufragio en un mar caldeado por los cuestionamientos crecientes al modelo de desarrollo minero aprobado en 2001.

El desfinanciamiento del presupuesto nacional de 2015, una nueva e improvisada reforma tributaria para recaudar 12,5 billones de pesos, un hueco en la balanza de pagos superior a los 8 mil millones de dólares y la postración de los sectores agropecuario e industrial no son los subtítulos de una película surrealista, sino la realidad de un país que se embriagó con el mediático boom minero y amaneció en la calle.

La pregunta es por qué enfrentamos ahora este panorama, si la locomotora minera supuestamente contribuiría a jalonar el crecimiento de la economía, robustecer las finanzas públicas, consolidar el comercio externo y a corregir sus males sociales. Demasiadas promesas incumplidas.

La respuesta se encuentra en que buena parte de la bonanza quedó en manos de grandes compañías mineras que no compartieron sus ganancias extraordinarias con el Estado, que otra parte se fue en beneficios tributarios, cambiarios y de comercio exterior, y que con lo que quedó algo se hizo, pero poco o nada se avanzó en transformar la riqueza minera en una nación próspera y más equitativa.”

via La mala hora de la minería: ¿se acabó la fiesta?.