Con extrañeza, debo decir que me ha decepcionado un poco el profesor Boaventura de Sousa con este artículo. Al leer el título (Boaventura examina a “onda Podemos) pensé que se trataría del resultado de una observación detallada y crítica, pero me parece más una apología especulativa. A Podemos empiezan a sobrarle apologías y a faltarle críticas necesarias (desde la izquierda).

Boaventura suelta, a mi juicio, un párrafo bastante contundente: “Como o caso do indiano AAP mostra, o impulso político que subjaz ao Podemos não é um fenômeno da Europa do Sul/América Latina. Pode aparecer sob outras formas noutros continentes e contextos. Um pouco por toda a parte, 25 anos depois da queda do Muro de Berlim, os cidadãos e as cidadãs que acreditaram na promessa da democracia, anunciada ao mundo como o fim da história, estão chegando à conclusão de que a democracia representativa liberal atingiu o seu grau zero, minada por dentro por forças antidemocráticas, velhas e novas oligarquias com poder econômico para capturar o sistema político e o Estado e os colocar a serviço dos seus interesses. Nunca como hoje se tornou tão evidente que vivemos em sociedades politicamente democráticas mas socialmente fascistas. A onda Podemos é uma metáfora para todas as iniciativas que tentam uma solução política progressista para o pântano em que nos encontramos, uma solução que não passe por rupturas políticas abruptas e potencialmente violentas.” Creo que recoge una realidad innegable del estado de las cosas y de el importante papel simbólico que juega Podemos.

Aunque yo matizaría eso de que el ‘impulso político que subyace a Podemos (…) puede aparecer con otras formas en otros continentes y contextos’. El mismo profesor lo comentó: fueron primero muchas otras expresiones y después Podemos; ese ‘impulso político’ ya apareció, ya existe, ya se moviliza y se expresa en movimientos estudiantiles, campesinos, indígenas, LGTBI, pro-cultura, anti-corrupción, etc.. Por eso me resulta un poco extraño hipotetizar sobre qué papel jugaría una iniciativa como Podemos en cada país… ya las hay. Así pues, lo que hace Boaventura es, entiendo, hipotetizar sobre cuál sería el papel de estas iniciativas ya existentes si, como Podemos, se constituyeran en partido. En ese caso creo que el ejercicio es poco útil, pues la realidad de la política partidista en cada lugar es tan distinta que se podría decir casi cualquier cosa sobre el papel de un partido tipo Podemos en cada escenario, si no se hace un estudio detallado y profundo de caso. Boaventura menciona la previa existencia de algunas iniciativas, pero no detalla las consecuencias de ello en el análisis.

Estoy de acuerdo cuando dice que México y Colombia serían los países donde más necesaria se una ruptura política como la que ha supuesto Podemos en España. Aunque lo matizaría un poco; creo que Venezuela y Ecuador, mucho mejor ambos en política social que los dos anteriores, se beneficiarían mucho de una mayor apertura del gobierno a la ciudadanía, aunque ello es improbable ahora mismo.

Pero si pensamos rápidamente en el caso de Colombia veríamos que muchos los planteamientos y dinámicas organizativas que usa Podemos ya están presentes hace años en diversos movimientos, pero también que la fragmentación de la izquierda, la criminalización de la oposición, los riesgos contra la vida, un proceso de paz y varios otros factores hacen que una mera hipótesis sobre ‘qué pasaría si…?’ parezca un poco reduccionista. Recordemos, además, que en España y en América Latina, muchas de las expresiones ciudadanas con estos postulados (o unos muy similares) durante los últimos 10 años, deliberadamente, habían optado por la no partidización. Y resulta curioso que hablando de política institucional mencione al Polo Democrático y no, por ejemplo, a la agrupación ciudadana liderada por Sergio Fajardo en Medellín -un caso de concreto de ‘partido apartidista’ con éxito ejecutivo en una ciudad importante del país (ver entrevista con Jordi Evole).

Por otro lado, es interesante también el recuento rápido que hace de otros partidos más o menos comparables en otros países. Hasta ahí, acompaño la reflexión, vista a vuelo de pájaro. Pero el análisis que hace de Podemos creo que se queda corto y eso, en conjunción con lo comentado en párrafos anteriores, hace que su predicción del rol que jugaría hipotéticamente en cada país no sea tan potente.

Es cierto que Podemos tiene un potencial y un impacto simbólicos grandes y reales; para el potencial hace falta poca explicación, y para el impacto basta ver que ha ganado puestos en el Parlamento Europeo, que se está perfilando como una de las principales fuerzas políticas de España y que ha generado transformaciones en el discurso de sus partidos rivales, sin hablar de la movilización política de una parte de la población.

Pero también es necesario ver otros factores. Por un lado, es un partido nuevo, del que todavía no se puede suponer que conservará sus dinámicas en el tiempo (recordemos lo que le pasó a Izquierda Unida, el Podemos de los 80 que intenta coptar el Podemos de hoy). No dejemos de lado las no pocas diferencias internas en la formulación de las líneas programáticas, o los problemas en la articulación entre Podemos y los diferentes Ganemos frente a las elecciones municipales, donde se ha visto que el sistema organizativo es bastante vulnerable a la coptación por fuerzas políticas más jerarquizadas, como Izquierda Unida.

Además, y sin intención alguna de menospreciar el trabajo de base que muchxs hacen con compromiso y pasión, no creo exagerado decir que Podemos ha llegado donde está, en buena parte, gracias a un aventón de opinión pública, harta de la corrupción e injusticia rampantes (pero no necesariamente comprometidxs con la apuesta política concreta de Podemos); buena parte de los votos a Podemos son votos de castigo a otros partidos. Ahora tienen el reto de fidelizar esos votos, pero para ello no basta con buen discurso y dinámicas internas más democráticas. Ese es el punto crucial de la ‘onda Podemos’ ahora mismo, punto que Boaventura ignoró. Entiendo que pueda parecer menos interesante para el lector desde un movimiento social en AL, pero es el punto esencial para desatar allí un proceso de aprendizaje basado en esto que pasa en España; la comparación fraternal es bella y necesaria, pero rápidamente se queda corta.

Según lo veo, Podemos se encuentra ahora mismo ante una doble bifurcación en su camino. Por un lado puede mantener su espíritu de ‘partido apartidista’/’partido ciudadano’ -lo que implica importantes esfuerzos en el establecimiento de un modelo participativo que ponga barreras aplicables a la coptación por otras fuerzas políticas- o virar hacia algo más como IA (Izquierda Anticapitalista), IU, el PSUV (Ven.) o incluso como el PSOE. Por otra parte, puede seguir basando su estrategia en la mezcla de un discurso crítico contundente (como en efecto lo tiene) y un discurso propositivo relativamente efímero [una versión menos argumentada de esto es lo que hacen PP y PSOE actualmente, sus propuestas no las hacen ellos, sino jugadores de mayor peso en Europa] o (ser capaz de) pasar al desarrollo de propuestas concretables en los distintos niveles territoriales; aquí lo más complicado. Recordemos que por muy ‘movimiento-partido’ que sea, es un partido político, y ello implica el complicado juego en lo institucional y electoral.

Entiendo que para fidelizar votos debería guardar con recelo su espíritu inicial y lograr desarrollar alternativas concretables. Más allá de las alternativas con las que compitan, estas dos metas afrontan problemas intrínsecos.

Guardar el espíritu inicial no solo depende de evitar la coptación por otras fuerzas; depende también de que al interior del colectivo el espíritu no cambie. Aparte de eso hay que recordar que la ciudadanía ‘no ve’ el espíritu interior del colectivo, sino cómo este se expresa en sus propuestas y accionar. Generar alternativas concretables no dependen sólo de buenas ideas, sino del conocimiento del entorno político y económico, del conocimiento del comportamiento de la población, y de una capacidad ejecutiva que nos suele faltar en la izquierda -no vaya a ser que Podemos resulte como la administración de Petro en Bogotá: con propuestas muy interesantes y válidas, algunos logros nada despreciables y un desastre administrativo y probablemente presupuestario, que cuando la derecha intente resolver lo hará a costa de los beneficiados iniciales por Petro.

Entiendo que el proceso de generación de consensos es complicado y que tarda más de lo que es habitual en la política de partidos. En ese aspecto, si la sociedad quiere una política diferente, debe entender que no se puede hacer con las prisas de hoy, muchas veces cómplices directas de la corrupción. Pero Podemos debía ser capaz de mostrar avance, proceso, y en algunos casos relevantes no ha sido así.

Las propuestas que se esgrimen hasta ahora son bastante interesantes, pero a muchas se les cuestiona la viabilidad. En su entrevista con Ana Pastor, una de las mejores periodistas en España, sin duda, Pablo Iglesias no pareció capaz reflejar todo esto, dando la sensación de que su normalmente robusto discurso no se sostenía ante la crítica dura, no de la derecha, sino de una periodista rigurosa y ceñida a hechos y datos. Cierto que Pastor pareció no tener en cuenta las particularidades del colectivo representado por Iglesias -una intención de trato igual, pero que al exagerarse desconoce un factor relevante del contexto-, pero entiendo que Iglesias debía estar preparado para justamente eso.

La necesidad de eficiencia organizativa y capacidad de concreción de propuestas en el corto plazo son, y han sido históricamente, incentivos importantes para que proyectos alternativos viren hacia muchos de los vicios de las izquierdas tradicionales; la innovación social es compleja y tarda, tiene muchas razones para no perseguirse.

La desradicalización del discurso oficial de Podemos de cara a su entrada en el ámbito electoral (cambio relativamente predecible), las posibilidades de coptación por izquierdas más tradicionales, o la posibilidad de transformación interna -algunos comentarios de simple patriotismo revolucionario de Iglesias pueden prevenir a algunxs- son factores que preocupan sobre el futuro del nuevo partido.

Pero Podemos no lo conforma sólo Iglesias. Hay una importante cantidad de gente trabajando activamente en sus nodos locales; gente diversa que, como colectivo, se enfrenta a muchos de los retos mencionados, pero que puede marcar la diferencia en el devenir del proyecto a nivel estatal si centra en ingeniar propuestas lejos de las presiones de la política de Madrid y centradas en la innovación a partir de necesidades concretas. Crear propuestas alternativas viables no es fácil. No es fácil repensarse un sistema podrido para que funcione mejor, o que deje de ser ESE sistema eventualmente. Las propuestas necesitan responder más que a dinámicas del discurso político; necesitan resolver asuntos complejos y cotidianos, tienen que ver con la economía de las personas, y con su interacción social.

Los planteamientos sociales parecen bastante trabajados -lejos de terminados-, se ha identificado categóricamente el cinismo e hipocresía que se quieren contrarrestar y varios de los medios para hacerlo. En lo económico no parece tan claro, y para realmente quebrar el esquema, Podemos necesita hacer en para la economía y las instituciones lo que hizo en lo social: generar un diagnóstico contundente y unas propuestas que también lo sean (en términos de aplicabilidad).

Como colectivo alternativo de gente diversa tienen todo mi apoyo desde el inicio; como partido creo que está en un punto temprano e importante donde define buena parte de su identidad… en ese aspecto, creo será importante lo que pase con las municipales (por mucho que quieran desmarcar la marca Podemos), y todavía me reservo mi observación. En todo caso, lo claro es que debería ser objeto de análisis cuidadoso por parte de otras iniciativas. Énfasis en ‘cuidadoso’.

via Boaventura examina a “onda Podemos” — CartaCapital.