El documento del gobierno afirma que la equidad ha mejorado, y efectivamente se ha producido una mejora leve en la distribución de los ingresos laborales, pero aumentó la concentración de la riqueza. La desigualdad en el mundo rural es escandalosa, pues la medida más convencional (el índice de Gini) supera a 0,7 y en algunos departamentos, como Antioquia, es 0,91.

La concepción del gobierno sobre la equidad se refleja en la actual discusión sobre el llamado “impuesto a la riqueza”. La propuesta de Cárdenas era débil, y en la conciliación entre  ponentes se ha vuelto aún más débil. El impuesto al patrimonio tiene dos problemas básicos: primero, la tarifa es baja (1,3 a 1,5 por ciento); y segundo, es muy poco progresiva, ya que se congela cuando los patrimonios pasan de 5 mil millones.

La equidad de Santos II no toca a los muy ricos.  Si el Plan de Desarrollo se titula “Todos por un Nuevo País”, ¿por qué los ricos no participan en serio?

Los argumentos de los empresarios sobre el efecto negativo del impuesto al patrimonio sobre la inversión y el empleo, han sido desvirtuados desde hace muchos años. Durante los sesenta y los setenta, los países que más crecieron tenían impuestos marginales a la renta del 80 o el 90 por ciento. La “paz total” no se construye con tarifas impositivas del 1,3 o 1, 5 por ciento a la riqueza. Este un remedo de equidad.

El Plan de Desarrollo 2014-2018: una lectura crítica