A diferencia de otras experiencias, el Eln no quiere negociar sobre el país, sino con el país, lo que hace pensar que será un proceso más complejo pero a la vez más útil para la frágil democracia que tiene Colombia, si aprovecha la oportunidad para repensarse.

Abrir la caja de Pandora a un diálogo nacional no es necesariamente un acto de refundación del país, ni tampoco un ritual vacío; será lo que el país quiera que sea, en parte lo que la guerrilla logre ganar en la mesa y lo que el poder de las élites se aguante.

El Eln ha bebido del marxismo, de la Revolución Cubana, del humanismo camilista y de la Teología de la Liberación: cuatro fuentes que dan para moverse desde el idealismo más puro hasta el dogma más brutal, pero con problemas para hacer una parada en la estación del pragmatismo. No en vano, alguien decía que el Eln enreda hasta un aplauso. La apuesta del Eln por la paz no nació ayer, es casi una constante desde los años ochenta, pero no ha aceptado ni aceptará que se le mida solo en términos de su capacidad militar, no querrá un diálogo de segunda, ni renunciará a una mesa con participación de la sociedad, lo que no es una fatalidad.

Es muy promisorio que el primer comunicado conjunto del Eln y el Gobierno, del 10 de junio de 2014, empezara con el tema de víctimas. Estas aparecen en los proceso de paz en los años noventa (Ruanda y Sudáfrica) y por ello es un gran avance su reconocimiento en el proceso de La Habana; así que un reconocimiento de ellas como punto de partida, es una excelente noticia.

Una negociación con las Farc y sin el Eln es una negociación incompleta, pero el Eln no será solo los cinco centavos que el falten al proceso con las Farc; ni está ni se siente derrotado. Es obvio que en algunos temas confluirán con el proceso de La Habana (justicia transicional, víctimas, cultivos ilícitos), pero eso no es suficiente para el Eln, lo que no quiere decir que una paz con estos últimos se opondría al proceso con las Farc, sino que más bien se complementarían. Como decía un líder nariñense, “negociar con el Eln para enderezar el proceso de La Habana”. Al final los dos procesos confluirán, pero eso es un punto de llegada y no un punto de partida que se deba forzar. Al presidente Santos le puede bastar la paz con las Farc, al país no.

Es de esperar que lo minero-energético sea puesto sobre la mesa por el Eln. Este tema es tan de la impronta genética del Eln, como lo agrario de la agenda de las Farc. La inclusión (o no) de este tema en la agenda será (incluso) una prueba de la autonomía real que tiene el país para discutir sobre dichos temas o el grado de dependencia política a las empresas transnacionales.

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