El gobierno perdió diez capitales de provincia pero el retroceso a nivel de alcaldías fue aún mayor: en 2009 ganó 73 alcaldías de las que conservó sólo 65. Creció en la costa pero se despeño en la sierra, pasando de 36 a 14 alcaldías. En la sierra vive la población india, la más politizada, la que protagonizó la resistencia al neoliberalismo y la que fue base social del gobierno de Correa. Por eso Ospina sostiene que estamos ante “un desplazamiento del electorado de Alianza País de la sierra a la costa”.

“La gran cantidad de episodios autoritarios del gobierno nacional en el último año pueden ser perfectamente responsables de un parte de la factura electoral”, sostiene Opsina. Dos de los partidos que mantuvieron su fuerza o crecieron son de izquierda: Pachakutik (aliado de la Conaie) creció en la sierra y obtuvo 26 alcaldes y el Partido Socialista alcanzó 12 alcaldías. Pero también crecieron los nuevos partidos de centroderecha.

Algunos analistas, como el economista Francisco Muñoz Jaramillo, sostienen que el gobierno tuvo un “revés estratégico” en las elecciones, lo que puede significar la pérdida de hegemonía del régimen así como la creación de “un escenario que podría revertir la tendencia electoral triunfalista de Correa durante los últimos siete años”[6].

Cabe preguntarse porqué se trata de una derrota estratégica, cuando estamos sólo ante un declive electoral, importante pero no necesariamente definitivo. Según Muñoz, algo que comparten otros analistas ecuatorianos, la carencia de cambios estructurales en el país, relacionados con las demandas históricas de los sectores populares e indígenas, “influyeron y hasta determinaron las recientes pérdidas electorales de Alianza País y del oficialismo”.

Las masivas protestas de noviembre contra la reforma laboral, protagonizadas por la Conaie ybel Frente Unitario de Trabajadores (FUT), fueron un toque de alerta para el gobierno, de la misma importancia que la derrota electoral. Fue la tercera oleada de protestas en menos de seis meses con marchas en las ciudades. Mesías Tatamuez, del FUT, dijo que la movilización sindical busca “defender el derecho a la organización, sobre todo en el sector público”, pues las reformas eliminan la sindicalización de los empleados estatales[7].

Buena parte de los manifestantes también rechazaban la intención de Correa de establecer la reelección presidencial mediante una reforma constitucional. El último síntoma de autoritarismo se dio el 4 de diciembre, cuando la cancillería negó la entrada al Ecuador a un grupo de parlamentarios alemanes que planeaban visitar diversos proyectos en el país y, particularmente, el Parque Nacional Yasuní.

La “revolución ciudadana” contra los movimientos sociales.