Ícono de la contracultura, Nicholson emprendió en los años setenta una cruzada a favor de la droga. Como muchos de su generación estaba convencido que el LSD y la marihuana, eran las llaves que abrían las puertas de otros niveles de conciencia. Hizo del consumo desaforado de sus baretos un método para entrar en trance a la hora de encarnar sus personajes. Se prometió ayudar a forjar un Hollywood libre de los odiosos mercachifles que sólo buscaban el éxito de taquilla. Scorsese, Coppola y él estaban a punto de hacerlo hasta que George Lucas estrenó La guerra de las galaxias y el anhelo de un Hollywood tomado por los independientes terminaría para siempre.

En los ochenta Jack, como tantos otros de su generación, se asimiló al sistema. Aunque seguía prendiendo porros en su mansión y su vecino, Marlon Brando, llamaba cada rato a la policía por las orgiásticas rumbas que hacía, Nicholson no volvió a alabar la droga en público. Su fama crecía a la par de su barriga y su calvicie. Se convirtió en todo un referente cultural a finales de los ochenta al haber encarnado al guasón. Las jovencitas soñaban pasar una noche con ese depravado experimentado y encantador. Sin embargo él no estaba disponible para todas, menos para aquellas ancianas mayores de 25 años.

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Así siguió en su rumba perpetua, cobrando millones de dólares por sus actuaciones, llevando a su guarida de lobo a la joven estrella del momento. Creíamos que era indestructible hasta que el Alzheimer lo consumió y nos privó de ver en la pantalla al loco más delirante y amado de todos los tiempos.

Sin homenajes, ni fanfarrias, contrario a su vida fastuosa, Jack Nicholson se ha ido del cine. Ya nunca volveremos a ver su sonrisa demoniaca sobre una pantalla.

Jack Nicholson ya no recuerda quién es | Las2Orillas.CO.