Cuando promovemos el respeto a la vida desde lo sagrado, abdicamos inmediatamente de la responsabilidad implicada en el esfuerzo y la dificultad de promover el respeto a la vida desde la razón. ¿Por qué razón o razones es imperativo respetar y defender la vida? Esta es una reflexión que, por el hecho de que sea mucho más compleja que la infusión de un dogma, no podemos negarnos ni evadir como ciudadanía.

Existen respuestas de diversa índole. Hay que respetar y proteger la vida de todos porque eso es lo que cada uno debería esperar racionalmente para sí mismo por parte de los demás. Hay que respetar y defender la vida, porque es la vida de un ser consciente, que siente emociones y dolor, que puede hacer planes a futuro. Hay que hacer todo lo posible para evitar el sufrimiento. Y, por supuesto, hay una gran diversidad de grados de consciencia, percepción, capacidad de proyectarse hacia el futuro y de sufrir.

Preguntarnos sobre qué bases racionales y dentro de qué parámetros y de acuerdo con qué valores vamos a respetar, proteger y defender qué tipos de vidas y en qué circunstancias es, precisamente, la conversación, larga, difícil y racional, que debemos comenzar a tener si queremos llevar a cabo un verdadero proceso de construcción de paz. Más allá de todo acuerdo entre unas partes en conflicto, por más importante y trascendental —¡ineludible!— que este sea, hay que llegar a un acuerdo social sobre lo que todos y cada uno de nosotros se va a comprometer a valorar activa y conscientemente.

El camino que conduce a la paz de los corazones y los días pasa por la valoración y el esfuerzo  de la razón pública, no busquemos atajos.

La vida no es sagrada | Las2Orillas.CO.