“Otra cuestión detrás de esta realidad, es que estas marcas pretenden apropiarse de procesos de empoderamiento de mujeres indígenas que nos han costado años de trabajo y los ¨venden¨ junto con los ¨productos¨, anunciando en sus estrategias de publicidad que ¨ayudan¨ a las mujeres wayuu a mejorar sus condiciones de vida, familiares y comunitarias, publicando las fotografías de nuestros procesos sin consultarnos, cuando la realidad es que compran las mochilas en la calle 1a o en el mercado de Riohacha para luego decir que las han comprado en Venezuela, porque como sabemos, el territorio ancestral del pueblo Wayuu se encuentra dividido por las fronteras de Colombia y Venezuela.

Me asaltan aún, más cuestionamientos y preguntas que no pueden ir dirigidas sino a este tipo de empresarios que desarrollan sus capitales sin consideración por quienes intervienen en el proceso de creación de valor. ¿Qué es lo que están haciendo para garantizar el bienestar y sobre todo el buen vivir de las y los artesanos y artistas indígenas? y particularmente, ¿qué están haciendo para enfrentar estos casos en los que se desconoce la autoría de las artesanías?. Desde mi punto de vista, éste tipo de situaciones, también son de su responsabilidad y competencia.

Ante estos contextos, es pertinente que se tomen medidas drásticas y estas tienen que ser, mas que de tipo asistencialista, de tipo legal. La pregunta que sigue entonces viene siendo: ¿cuáles son las medidas que se deben aplicar? Para el caso de los sombreros ‘vueltiaos’ que son parte del patrimonio cultural del pueblo Zenú, Artesanías de Colombia aplicó sanciones de tipo económico a los importadores del sombrero ‘fake’ (falso) made in China. Dichas medidas funcionaron en Colombia, pero lo que no sabemos es si el sombrero falso se esté vendiendo en otros lugares del mundo, como tampoco sabemos si los chinos ya están planteando la producción en masa de las mochilas wayuu.

Para el caso de las mochilas wayuu, ¿cómo se puede controlar cuando una diseñadora tipo la Rittwagen de España, o la Anderson del Reino Unido o la comerciante Portman de Suiza, viajan de paseo por una o dos semanas a territorio Wayuu, bien sea de Colombia o Venezuela, se toman fotos con las mujeres wayuu para decir luego que trabajan por las mujeres indígenas, compran varias decenas de mochilas, las empacan en una maleta y las transportan como su equipaje personal, para luego hacerse famosas y ricas a costa del trabajo de las artistas wayuu?

En casos de registros de marcas que son creadas a partir de nombres indígenas y que luego prohíben su uso, pueblos indígenas como el Massai están tomando cartas en el asunto para poner límites legales, que les permitan sancionar casos como los de diseñadoras y diseñadores que lanzan colecciones sin reconocer que las y los verdaderos artistas son otros. Sin duda los Massai están marcando un precedente internacional importante en material legal que habrá que seguir con lupa y aplicar. En todo caso, también se pueden demarcar condiciones que impidan estos abusos, especialmente desde los medios de comunicación, difundiendo en el mundo cómo estos personajes utilizan piezas únicas realizadas por indígenas, pagando precios indignantes y vendiéndolos en cantidades de dinero astronómicas e insultantes.

Una mochila wayuu, elaborada en lo que en castellano se conoce como de doble hilo, que no es otra cosa que un hilo grueso de menor calidad que permite que una mochila esté terminada en menos de 5 días, vale entre 30.000 y 60.000 pesos colombianos (15 y 30 dólares estadounidenses); es decir, que la artista wayuu recibe entre 3 y 6 dólares diarios por su trabajo. Una mochila tejida con hilo fino, de alta calidad, en la que la artesana se demora 20 días para dar más de 3.000 anudadas de crochet, es vendida entre 80.000 y 120.000 pesos (40 y 60 dólares), lo que significa que la artesana recibe entre 2 y 3 dólares diarios por su trabajo. Entre tanto, diseñadoras como la Anderson, venden no solo una sino muchas mochila de las que empacan en las maletas de su viaje de turismo, hasta en 600 euros, tanto en tiendas físicas como virtuales (online).

Un tema extenso y complicado. Las medidas de control como la Denominación de Origen, pueda que funcionen efectivamente dentro del territorio colombiano, pero para proteger nuestros conocimientos tradicionales, así como otros aspectos relacionados al patrimonio cultural, intelectual e inmaterial del pueblo Wayuu e incluso de los pueblos indígenas en general, se deben aplicar instrumentos internacionales relacionados con la protección de estos derechos, incluyendo el derecho al consentimiento previo, libre e informado que nos asiste.

Es entonces también responsabilidad del Estado, y con esto no quiero decir que al respecto no se estén tomando medidas. Pero se debe hacer llegar la información a las comunidades sobre los instrumentos internacionales que contemplan estos derechos, de manera que converjan en un solo sentido, para poder mejorar lo que ya existe en el país. También es importante que se garantice la participación de hombres y mujeres indígenas en procesos de negociación internacional de los Estados donde se discuten estos temas, relacionados con nuestro conocimiento tradicional y patrimonio cultural, intelectual e inmaterial, para que podamos aportar desde nuestras experiencias y sabiduría a la obtención de soluciones que no resulten contraproducentes para las comunidades.”

Wayuu Bag: un negocio redondo a costa del patrimonio cultural | Las2Orillas.CO.