Es corriente que a quien prescinde de Dios en la dirección de su vida y en la construcción de su conducta se le juzgue inmoral pero, desde mi perspectiva, es ésa la única posibilidad de moralidad auténtica. Hay quienes se abstienen de matar por temor a la cárcel (el infierno en la tierra) o al fuego eterno, y no niego que puedan ser considerados buenos ciudadanos. Pero hay quienes no lo harían aunque no hubiera cárceles y asumieran como cosa risible la existencia de un castigo escatológico sin término. A mí, la actitud de los segundos me parece más consistente, más confiable y más bella, y a esa razón la llamo estética. Quizás, al fin de cuentas, sea ése el motivo más poderoso de mi agnosticismo.

Carlos Gaviria: ¿Por qué soy agnóstico? | Actualidad, Columnas | Revista Diners.