No voy a revelar los nombres de los periodistas porque creo que es innecesario para comentar el tema de fondo, y porque no tengo ningún motivo para pensar que actuaran de mala fe. Es más, agradezco su confianza al contactarme. Tampoco hay nada malo en aprovechar las comidas y las cenas para conocer gente, sobre todo con las agendas tan cargadas que tenemos. Y sin embargo… sin embargo algo me dice que tras las anécdotas, sin mayor importancia, se esconden prácticas habituales que tienen bastante que ver con vicios de nuestra imperfecta democracia. Para entendernos: una entidad social sin ánimo de lucro no suele invitarte a comer o cenar. Te pide directamente una reunión y te expone claramente sus demandas, incluso es probable que lo haga público en su web o a través de un comunicado de prensa. En cambio, hay sectores económicos muy poderosos a los que no solemos ver pronunciarse públicamente, pero nos consta que tienen un acceso fácil y regular al poder político. Probablemente con abundantes comidas y cenas. Incluso con vacaciones compartidas. Sólo que no tenemos acceso a información sobre esos encuentros.

Está claro que hay costumbres, formas de hacer habituales, inercias. Las dos invitaciones del mundo financiero me han llegado del mismo modo. Otro sector poderoso, el lobby hotelero, también me invitó recientemente a comer. Esta vez la invitación llegó de manera más formal, por teléfono y mail, cosa que nos permitió responder como organización: aceptamos reunirnos, pero solicitamos que sea sólo una reunión, sin comida. Aceptaron, y el encuentro tendrá lugar el próximo miércoles a las 13h, tal y como podéis ver en mi agenda.

Nos presentamos a las elecciones dispuestos a gobernar y, por supuesto, eso incluye hablar con todo el mundo. Es normal y pertinente que hablemos con todos los actores y poderes existentes. Pero que sea en igualdad de condiciones en la forma de acceder a nosotros y en el trato recibido. ¿Eso excluye comer o cenar? No necesariamente, siempre que se haga público, se pueda explicar lo que se ha hablado y mientras cada uno se pague lo suyo. Cuando decimos que se puede hacer política de otra manera, nos referimos a cosas concretas como ésta. Publicar las agendas de los cargos electos (o aspirantes) es más importante de lo que pudiera parecer. Ante las dudas, la transparencia será siempre nuestra mejor herramienta colectiva para garantizar una honestidad real, y no sólo de palabra.

Comer (o no) con un banquero.