Sassen parte de una premisa que contradice a aquellos que simplemente hablan de cambio de paradigma. Para la socióloga “la máquina de vapor de nuestra época” no es la tecnología de la información, como muchos defienden, sino el sistema financiero. La banca tradicional, nos dice, vende algo que tiene, mientras las finanzas venden algo que no tienen, inventando constantemente  “para invadir otros sectores”. Recurren a las mentes más brillantes, si es necesario, nos advierte.

Invisibilidad y lenguaje

Ahí radica para Sassen la gran diferencia entre el concepto de desigualdad y justicia. La desigualad, argumenta, es inevitable en un sistema complejo, e incluso puede ser algo positivo. Lo esencial, acentúa, es la justicia. ¿Y cómo ser justos si las principales injusticias permanecen invisibles para nosotros?

El lenguaje, que tantas veces nos ha servido de acción y de pensamiento, también nos paraliza. Saskia Sassen afirma: “Llamamos austeridad a las agresiones organizadas”. Y es que las grandes categorías (ciudad, desigualdad, etcétera) son tan inmensas que son incapaces de capturar todo lo negativo que está pasando. No podemos, pues, simplemente hablar de desigualdad para explicar cómo miles de ciudadanos (ella pone el ejemplo de Estados Unidos) han sido desahuciados por fondos buitres y viven prácticamente en la intemperie. Nadie parece querer hablar de ello.

La socióloga dice trabajar en dos niveles. Para conectarnos con el mundo, hay que teorizar irremediablemente. Pero también hemos de preguntarnos cómo hemos construido las categorías que quieren definir nuestro entorno. Cuando algo se vuelve muy extremo, el nombre se disuelve, y hay que atender a otros bordes sistémicos.

¿Por qué llamamos cambio climático a tierras muertas?, se pregunta Sassen. ¿Por qué seguir hablando de austeridad cuando sabemos que se trata de algo claramente distinto?

La invitación a no pensar

Las grandes categorías que nos han funcionado bien hasta ahora (la autora cita: inmigración, clase media, economía,…) se convierten, en la actualidad, en invitaciones a no pensar. Hay que sumergirse en el concepto, y mezclar lo incompleto con la complejidad.

En épocas como la nuestra, cuando los significados padecen inestabilidad, hay que escarbar en la sombra de cada palabra. Y esas tácticas analíticas que usa Sassen son útiles para el mayor de los interrogantes: ¿Quiénes somos nosotros, los ciudadanos?

Nos hemos convertido en consumidores de la política, apunta, y denuncia que aún creemos el mantra de los dirigentes: “Es la única manera”. Hay otras formas de salir de la crisis, de hablar de justicia sin quedarnos en la definición, inexacta, de la desigualdad. Sassen, interpelada por los asistentes a la conferencia, no teme ir a lo concreto: hay que limitar las franquicias y re-localizar la economía.

¿Quiénes somos nosotros, los ciudadanos?, insiste. Los que estamos dispuestos a “no aceptar las narrativas dominantes”, responde Saskia Sassen.

Saskia Sassen: “Llamamos ‘austeridad’ a las agresiones organizadas”. | La Vanguardia