Una de las trampas de la pobreza (y también de la riqueza) es el quebranto de la imaginación.

Cuando se vive en un medio de exclusión, marginación y desigualdad sistemáticas, se tienden a desplegar mecanismos inconscientes de adaptación psicológica que facilitan la supervivencia. La capacidad que tiene la mente humana para eclipsar el asfixiante bochorno de las injusticias, le ayuda a las personas a seguir adelante con sus vidas en medio de la precariedad cotidiana.

Esto es lo normal y yo soy feliz, se convierten así en mantras que se repiten a sí mismos, tras el telón de fondo del escenario de la vida, tanto quienes tienen como quienes no tienen. Imaginar que las cosas podrían —y deberían— ser diferentes, es una carga cognitiva y emocional quizás muy pesada para añadirle a los lastres de la vida.

Luego de la estrepitosa caída de los principales referentes del “socialismo real” del siglo XX y de los equívocos bandazos populistas de buena parte de los experimentos más recientes, estruendosamente amplificados y distorsionados por el maridaje ideológico entre el quebranto de la memoria y de la imaginación popular y el monopolio capitalista de los medios de comunicación masiva, hablar de un socialismo del siglo XXI pareciera no tener más efecto que el de ruborizar a muchos.

Hoy —como ayer— las infusiones de temor en torno al supuestamente siniestro fantasma del socialismo no solo operan como efectivos caballos de batalla electorales, sino que además contribuyen a ocultarle a la memoria colectiva que algunos de los más grandes logros en el aumento del bienestar y la ampliación de la democracia se deben a luchas que se libraron desde las izquierdas.

Pero el profundo declive actual del socialismo invita la oportunidad de volver a imaginarlo.

Esta es la propuesta del conciso, sustancioso y provocador libro de Luis Fernando Medina Sierra, El fénix rojo. Las oportunidades del socialismo, ganador del Premio Catarata de Ensayo 2014:

En política, como en tantas otras actividades humanas, la primera condición para que algo ocurra es que sea posible imaginarlo. Pero la imaginación política no es arbitraria: las ideas políticas reflejan el momento en que surgen. Al sostener en este ensayo que es posible un resurgimiento del socialismo me refiero no solamente a que las circunstancias económicas le son propicias, sino a que ciertas transformaciones de nuestra sociedad llevan a que sea de nuevo posible pensar en dicho resurgimiento, a que sea posible de nuevo ver al mundo a través de una perspectiva socialista […] Por supuesto, la visión del socialismo en este siglo tendrá que ser muy distinta a la del siglo XX (pp. 19 y 14).

Volver a imaginar al socialismo implica, primero, volver a visitar la historia de ese movimiento.

Medina visita la evolución del socialismo desde tres claves interpretativas: poiesis, polisemia y taumaturgia; es decir, su capacidad creativa para ofrecer una nueva forma de ver el mundo, su capacidad para interpelar y articular una gran diversidad de propuestas, resistencias y reivindicaciones, y su capacidad de obrar el prodigio de transformar al ser humano y su cultura política. La primera parte del libro recorre así, a vuelo de pájaro pero con agudeza de águila y muy buenas pistas para quien quiera profundizar en ella, la historia del zenit y el nadir del socialismo en el curso del siglo XX.

En la segunda parte del libro, Medina despliega nuevamente estas tres claves interpretativas para ofrecer una crítica de la ideología del capitalismo actual. A partir de ella, concluye que las corrientes contemporáneas del capitalismo, cada vez más descentradas de la esfera de la producción y crecientemente basadas en los ámbitos del consumo, y por lo tanto constitutivas de una valoración incremental del ocio, le abren camino a la posibilidad de volver a imaginar, y por lo tanto de revitalizar políticamente, al socialismo.

Ya no enfocado obcecadamente en el derrumbamiento del mercado y del Estado, sino consciente tanto de la necesidad y el alcance de los beneficios que ambos le aportan a la vida social, así como de sus limitaciones y sus fallas estructurales, el socialismo reimaginado, según Medina, se puede entender como “… una visión de sociedad que ofrece a los individuos espacios de cooperación donde puedan encontrarse relativamente a salvo de la presión de los mercados y de los estados” (p. 110).

Medina retoma así la clásica y a veces olvidada idea de Marx, según la cual el florecimiento del ser humano, incluyendo el de su naturaleza creativa y solidaria, exige el pleno desarrollo de su autonomía.

Y para lograrlo desde un punto de vista pragmático —viable política y económicamente en las condiciones impuestas por el mundo actual— culmina su ensayo con la propuesta de que el socialismo enarbole la bandera de la renta básica universal: que todos los miembros de una sociedad tengan un ingreso incondicional que garantice los mínimos requeridos para la subsistencia, estén empleados o no, sean ricos o sean pobres. En la medida en que todos los ciudadanos son los dueños legítimos de los medios de producción de la riqueza nacional, una parte, definida en el proceso político, de la renta derivada de ella debe pertenecerle también a todos por igual.

Para Medina, las posibilidades que ofrece la propuesta de la renta básica universal en términos de la generación de una libertad real para todos, plantean una forma de volver a imaginar y revivir el poder de la poiesis, la polisemia y la taumaturgia del socialismo.

Quienes desconocen o le tienen temor al fantasma del socialismo, tanto como quienes más bien le tememos al ineluctable quebranto de la imaginación política cuando se pierde la esperanza de un mundo más justo y agradable, haríamos bien en abordar y profundizar, en las esferas de la deliberación pública, la apenas naciente conversación a la que Medina nos invita con este libro.

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