El día que los bancos abrían de nuevo en Grecia, yo tomaba mi vuelo de salida de Atenas, después de varios días en la ciudad. Era lunes.

El sábado anterior en la madrugada -a eso de las 5h30-, a la salida de la fiesta de matrimonio que propició mi viaje, me impactó un poco ver a alguien aprovechando el horario para sacar dinero… también me impactó, después de tantas noticias catastróficas que se escuchaban en España, que ese fuera el único incidente relacionado con el cierre de los bancos que puedo recordar en todo el viaje. Aquí, un excelente artículo sobre la reapertura de bancos y la ‘normalidad’ del país.

Era la tercera vez que visitaba Atenas; la primera que no lo hacía en plan turístico. Me tocó conocerla en medio de una crisis económica y política (y la crisis social que estas desatan). Una crisis que se ha publicitado como pocas; una crisis sobre la que casi cualquier persona tiene una opinión. Y aunque yo también tenía la mía, el contacto directo me obligaba a reflexionar.

Llegamos un día tarde en la noche; nos alojamos en casa de colegas, una pareja estable (no casada) que vive en un piso de alquiler en un barrio cercano al aeropuerto, lejos del centro, una zona residencial y tranquila. Él trabaja en una empresa (ingeniero), ella es autónoma (psicóloga).

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Al día siguiente salgo a caminar con mi pareja, que es quien me conecta con la ciudad y la gente -y principal fuente de explicaciones-. Hay por todas partes muestras de la reciente batalla electoral por el referéndum. Algún que otro cartel por el ‘Ναι’ (Sí) en medio de mares de propaganda por el ‘Οχι’ (No); es evidente que la propaganda por el ‘No’ depende no de una, sino de diversidad de organizaciones que se pusieron a la labor cada cual por su cuenta. También me hace sospechar que la propaganda por el ‘Sí’ no es que no se haya hecho, sino que se realizó por medios como la TV; sospecha confirmada con relativa facilidad en conversaciones y vistazos a periódicos y programas televisivos (esos vistazos que es imposible no recoger cuando se camina bastante por la calle de una capital). Parece que hay un enfrentamiento subyacente a cada aspecto de lo que se ve, aunque no se sienta agresión en el ambiente. Y la reciente (re)entrada de los medios de comunicación públicos, cerrados desde junio de 2013, está dando más de que hablar.

Compramos en un kiosko los billetes del bus. A €1.20 cada uno, como en España; pero en Grecia el salario mínimo es algo más bajo. Los billetes te dan derecho a uso durante un tiempo determinado, no para un trayecto o una zona. El billete (en metro) hasta el aeropuerto cuesta €8 y el bus €5, da igual si lo tomas desde/hacia la estación inmediatamente anterior o desde/hacia el centro. El precio del gas también es mayor que en España.

Nos vamos a encontrar con la pareja que se casa para comer algo. También son jóvenes trabajadores; en nuestra parada de destino nos recogen en su carro/coche. Y vamos a la terraza de una taberna que ellxs recomiendan. Ensalada para compartir, raciones de carne en distintas preparaciones, servidas sobre papel y acompañadas de papas fritas, cerveza, pan, agua. Todo excelente, por -definitivamente- menos de lo que habría costado en Granada, ni hablar de Madrid.

Por ahí dicen… 

Mientras esperábamos la comida, fumamos y hablamos, entre las cervezas recién llegadas. El tema de crisis no fue predominante, pero estuvo. Y en esa primera conversación me soltaron la frase más diciente al respecto que escuché: “Antes la gente tenía miedo, ahora, además, tiene rabia”. Los detalles de ese sentimiento se irían desvelando a lo largo del viaje. Poco antes de escuchar la frase, cerca de la parada donde nos montamos al bus, me llamó la atención un graffiti: “Τσιπρα, δοσιλογε, ψwφα…. €uro=Nazi” (Tsipras, ‘dosilogo’, muere…). Tendría que esperar un par de días para entender con relativa claridad el mensaje, pero estaba claro que coincidía con la frase mencionada.

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Nuestra conversación tenía lugar al lado y la vez que la de un grupo de señoras (calculo, de entre 45 y 60 años) que según me comentan mis acompañantes, hablan también sobre la crisis, pero desde una perspectiva conservadora (rabia por el caos que crea la izquierda y cómo su ineptitud les llevo al fracaso). Durante el viaje, sólo una de las personas con quien hablé al respecto me comentó ser partidaria de Syriza y votarles desde hace varios años. El resto de personas -jóvenes de 25 a 35- me hablaban desde una izquierda no partidista, o eso fue lo que percibí. Sentí que había ilusión por lo que pudiera hacer el actual gobierno. No necesariamente por el gobierno en sí, sino por la certeza de la necesidad de un cambio y la claridad de que los tradicionales (Nea Demokratía y PASOK) representaban más de lo mismo. El reclamo más repetido a Syriza fue ‘que no tuvieran un plan B’, que no estuvieran preparados para continuar su programa si con Europa no se podía. Alguna persona me comentó sentirse traicionada por la decisión de Tsipras… la mayoría hablaban de su decepción, pero no sin reconocer el gran y sincero esfuerzo que había hecho Tsipras antes de claudicar. Me falto poder conversar con colegas activos en Syriza, que se encontraban fuera de la ciudad.

Independientemente de la perspectiva, la frase se repetía por todos lados. Y además de rabia había decepción, sensación de impotencia. Creo que estos últimos sentimientos son más prevalentes que otros. La persona que me hablo de un apoyo de larga data a Syriza, que reconocía el esfuerzo sincero de Tsipras y reclamaba por la falta de alternativas preparadas, se mostraba tan dolida que pareciera que hablábamos de un asunto personal y no de política. Había ilusión real, e igual de real es la decepción.

Y, por fin, me ayudaron a entender aquel graffiti. Ya mi pareja me había explicado que ‘δοσιλογε‘ significaba algo como ‘el que dice palabras engañosas’; con esta explicación ya la intervención callejera tenía sentido. Pero en una conversación en un bar (de los tranquilos) de la zona de Keramikos, contando con varias personas, sus conocimientos y planes de datos en el móvil, me pudieron explicar que quería decir algo como ‘aquel que con sus palabras traiciona (a los suyos)’ y que el uso de la palabra tenía un contexto histórico particular, pues así llamaban a los griegos que eran, voluntariamente, informadores de los nazis durante la ocupación. El graffiti seguía teniendo sentido, pero era mucho más duro de lo que yo había entendido.

Una de las últimas conversaciones que tuve tocó el tema de los medios públicos, particularmente la radio. Nuestro colega ingeniero me decía que las cadenas privadas, igual que en TV, habían sido máquinas de propaganda anti-Syriza, pero criticaban que la pública apoyaba al gobierno. Me comentó que el comentarista matinal de la cadena pública es uno de los más duros críticos del gobierno; que tienen programación musical de mucha mejor calidad; que el argumento contra las cadenas públicas le parece ridículo.

Otra cosa que estuvo siempre presente fueron las preguntas sobre qué se decía de Grecia en España. La respuesta fue honesta: miedo, inseguridad, tristeza, pánico (económico), exageración. Nadie pareció demasiado sorprendido; es en los grandes medios griegos donde los grandes medios españoles buscan su información. Aunque frente a esto y otras cosas hay decepción, no hay mucha sorpresa; parece que todo esto ya se ha vivido antes.

Calle viva…

Es como llamaría a la sensación que me dejó el caminar por las calles atenienses. Es extraño que sea ese el sentimiento, pues había montones de locales comerciales cerrados y varios carros abandonados (vidrios rotos, polvo, muestras de que allí han vivido animales, colillas) en el lugar en el que aparentemente los aparcaron hace mucho, en una calle cualquiera. También toca aclarar que no digo ‘viva’ necesariamente como algo (siempre) bello, sino en contraposición a la imagen de sociedad muerta que trasmiten tantas noticias sobre ‘la crisis’.

Me impactó encontrarnos, en una iluminada calle en medio de dos edificios históricos -no turísticos-, a tríos de personas, detrás de unos pequeños arbustos que adoraban la calle, ayudándose unas a otras a inyectarse heroína. El lugar está ubicado en la zona de Panepistemiou/Akademia. Según me explica mi chica, el consumo de heroína en plena calle es un problema de antaño, que ha pasado por diversas zonas del centro, incluidas la recién mencionada, Omonia y Exargia. La policía desplaza a los vendedores cuando una zona está muy mal; estos se mueven a otra zona cercana y sus consumidores les siguen.

En contra de los muchos comentarios previos, en Omonia no encuentro un centro de delincuencia, sino una plaza (y calles adyacentes) con montones de personas quemando tiempo -refugiados sirios, supe luego-. Cierto que hay menos movimiento y que no es un lugar particularmente bello (estéticamente hablando); se ve la crisis. También es cierto que no era de noche. Creo que no me pareció tan grave Atenas… porque me sentí como en la Bogotá de hace 10 años, aunque sentí mucha menos criminalidad en Atenas. A mi no me pareció tan mal, pero supongo que ninguna capital europea está en su mejor momento cuando en 2015 se parece a la Bogotá de 2005.

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En Exargia encontré un lugar, para mi, acogedor. Un barrio residencial céntrico, con bastante movimiento de pequeños cafés y bares. Hace unos años vivía allí gente bastante comprometida con procesos sociales; era un barrio alternativo-comprometido. Hacia mediados de 2011 (o 12) la gente se tomo un espacio que el ayuntamiento quería convertir en aparcamiento, y lo convirtieron en un parque donde ubicaron pequeños huertos, un pequeño teatro escalonado donde ver películas proyectadas sobre un container abandonado; incluso fabricaron sillas con tableros de ajedrez incorporado. El barrio obtuvo ‘fama’ y parece que ahora es más habitado por gente (sólo) alternativa.

Las dinámicas comunitarias han disminuido; el parque se nota algo dejado, aunque aún se pueden identificar los huertos con sus cercas hechas y pintadas a mano y se pueden ver papeleras que claramente no pertenecen al ayuntamiento -no hay basura en el suelo del pequeño parque salvo algunas colillas-. Cuando llegamos, el parque estaba ocupado por grupos de personas -sólo dos o tres mujeres a parte de mi pareja- y algún solitario; hablaban, fumaban (cigarros o porros), bebían (frappe o cerveza), leían. En el momento en que lo visitamos, el parque de Exargia era un refugio para los/as ‘raros/as’ -raperos con pinta de basketball, rastas, cinturones de taches, tatuajes, cigarrillos compartidos-, donde mucha gente ‘normal’ no entraría… los prejuicios sociales son cosa jodida. Fue el lugar más tranquilo que visité en el centro de Atenas, o, al menos, en el que más tranquilo me sentí; no hubo atisbo alguno de problema o tensión.

El barrio (y la cercana universidad politécnica) están llenos de esquinas que dejan ver las marcas de batallas callejeras. La sede del politécnico me hace sentir en algunas facultades de la Universidad Nacional en Bogotá -con sus carteles de convocatorias a reuniones y manifestaciones, sus graffitis, sus aulas gigantes-, aunque aquí los edificios con columnas clásicas le dan un toque diferente. Se pueden ver en los alrededores contenedores de basura quemados hace poco.

En pleno Exargia, cerca de las terrazas de algunos bares, la esquina donde la policía mató hace años a un manifestante de 15 años. Hay una placa conmemorativa (y otra más conmemorando un joven turco muerto del mismo modo en su país) y se hacen anualmente marchas desde o hasta el lugar -algunas veces con choques con la policía-. No habría imaginado que tuviera que sentirme tan ‘en casa’. Recuerdo, por supuesto, el caso de Nicolas Neira; y me pregunto ¿quién será el padre/madre de este joven? ¿se habrá resuelto el caso y compensado a la familia? ¿será que acá también han atentado contra los padres del menor cuando intentaron pedir justicia?

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Durante un rato mi ánimo se nubla, pero el andar por las calles de Atenas, con sus estímulos (y su frappe), me va distrayendo. Me gusta ver intervenciones artísticas callejeras de calidad: gente imaginando y creando.

Un día, durante los paseos por la zona centro nos topamos en algunos lugares con patrullas de policía anti-disturbios. Pasó en algún momento un grupo de motos, pitando y con personas agitando alguna que otra bandera roja; les seguía -de manera más protocolaria que violenta- un grupo menos numeroso de motos policiales (todas con 2 agentes, uno con escudo y porra). Las patrullas que veíamos en algunas esquinas parecían las que se montan en las calles adyacentes a las zona importantes, con las que la policía previene la llegada a una zona estratégica o corta la salida de manifestantes de las zona donde se presentan choques. Me explican que la zona que cruzamos es la que conecta distintos puntos del centro, entre ellos la plaza Syntagma y zonas comerciales-turísticas.

Más tarde esa noche nos enteramos que había habido más de 20 detenidos en enfrentamientos con la policía por el sofocante acuerdo que acababa de firmar el gobierno Tsipras hace algunos días. Nos comentaron que era la primera manifestación realmente violenta desde las elecciones. Que era la primera vez que se veía a “la policía de un gobierno de izquierdas golpeando a la gente de izquierdas”; se sabía que ocurriría, pero eso no hace menos difícil el vivirlo. Pero también me dicen más de una vez que ahora lo que toca es seguir adelante y seguir presionando en las calles; veo buena parte del interés/compromiso ciudadano que casi no veo en España ahora mismo.

Por otro lado estaba el metro. Lugar constante, casi familiar, que casi me gusta. Aunque en Atenas prácticamente no esperan a que la gente salga antes de entrar al vagón; y en las escaleras eléctricas, puedes llorar si crees que el ‘carril’ izquierdo estará destinado a gente con algo más de prisa. Pero es un escenario socio-antropológico bastante rico. Lo que el arrecife de coral a un biólogo marino. Y Atenas lo tiene todo. Todos los colores y formas. Tus ojos ven alemanes/as, turcos/as, italianos/as, egipcios/as, europeos, etc. Pero por algún motivo no parecen tan diferentes entre sí y además hablan todos/as un mismo idioma extraño y complejo, que suena a antiguo.

Y en la composición física no para la cosa. También encuentras estilos por montones, pijería, metal, hip-hop, rasta, punk, hipster, pin-up, ‘gente(s) normal(s)’ y todos los demás que existen, y mezclas de ellos que yo ni imaginaba que se podían hacer. La identidad parece ser un importante espacio de exploración y expresión. Los bares tienen su onda, igual que las tiendas; se tiene una idea o un mensaje que transmitir con las formas. Seguramente esto sea producto de décadas recientes y esté mediado por dinámicas de la economía, pero no se siente como algo superficial; aquí convive diversidad. Y hay movimiento. En cada lugar que voy la gente se mueve, va y viene como si tuvieran destinos o propósitos definidos… cosa extraña… Habrá que revisar si el nuevo acuerdo lo permite! Obviamente Grecia no está en su punto de auge, pero creo muy equivocados/as a quienes la dan por fallida.

La economía puede estarla pasando muy mal, pero una cosa me queda clara: la crisis puede ser de la economía, pero no es de la gente; la gente ateniense se mueve, no para, y su actitud estoica y digna es admirable. E incluso eso lo matizaría, lo de la crisis económica -que a muchos/as les vino tan mal y unos/as pocos tan, pero tan bien-, pero es asunto para después.

Paseo, conducción y la crisis…

No hablaré del matrimonio, aunque fue excelente poder ver señores griegos bailando ikariotiko e ipeirotika (ικαριωτικο και ηπειρωτικα, bailes del norte de Gracia), básicamente porque se trata de un evento de la vida personal -del novio y la novia-. Pero no puedo dejar de apuntar cómo me llamaron la atención esos bailes, que no se tratan, como en América Latina, de un goce personal o de pareja. Son bailes de creación de comunidad, donde se comparte un mismo espíritu, se gira a un mismo ritmo. Y la persona que guía el ruedo, que va haciendo figuras de alarde de grandeza y poder, sólo puede cumplir su función si está bien coordinada con quien le sigue; son los únicos que no se toman de la mano sino que se sujetan a los extremos de un pañuelo, del que depende buena parte del equilibrio de quien hace las figuras y ‘guía’. Necesita al otro para guiar y alardear.

No surgió nada particular de nuestro rápido paso por la comercial zona de Monastiraki, salvo la gracia de encontrar -hacia el final del mercado de las pulgas- una librería de segunda mano donde pudimos comprar un par de ejemplares de La Pequeña Lulú en griego (Η Μικρη Λουλου), a €1.50c/u. El librero nos atendió con amabilidad total, con agradecimiento, casi con dulzura… a un grado en que nos llamó la atención, algo no habitual. No sé si fue una venta importante (espero que no porque fueron €3, ojala le vaya mejor que eso), si atiende así de sentidamente cada vez o si le causó algún efecto particular el ver a 4 adultos (jovenes) emocionados por encontrarse en una esquina ateniense con esa divertida chiquilla estadounidense que data de 1935.

Recomendable también intentar encontrar los buenos bares en Keramikos. Hasta hace poco era una zona sin mayor interés, hasta que comenzó la construcción de bares y el sector explotó. La mayoría son bares, a mi juicio, molestos. De luces ultra modernas destellantes, terrazas/vitrina donde el que esta adentro es el producto que mira quien va por la calle, música exageradamente alta -en la plaza se escucha una mezcolanza desordenada de al menos 4 canciones de distintos bares-. Pero en los locales pequeños, sobre todo de calles interiores, se encuentran lugares como micraasia, donde la música no me gustó mucho (buenas canciones en versiones malísimas), pero se comía bien (€5 burrito gigante, aunque €5 la cerveza) y se podía hablar en una terraza muy agradable; tenía un baño muy curioso, de mear con asombro. O el Cube Project donde pusieron música muy selecta, latina y otros ritmos que pueden ser tranquilos y sabrosos a la vez, en una terraza con una vista excelente de la acrópolis y precios razonables (en comparación con otros bares)… y otras iniciativas que se alojan en el mismo edificio (durante el día).

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El único lugar/momento del viaje donde me sentí (casi) completamente abstraído la problemática socio-política fue en Ναύπλιο (Nafplio), la que fuera la primera capital del estado griego moderno. Una ciudad pequeña con algo de turismo, donde pudimos disfrutar de un paseo a beira mar hasta llegar a una playa bastante agradable. Comentan que las plantas que adornan los costados del camino son mantenidas por un señor jubilado que decidió dedicar su tiempo a ello. Tienen manguera de riego y las plantas que lo necesitan -por que tienden a expandirse demasiado hacia los lados-, están atadas con alambre o cuerda. El camino también está limpio, al menos durante el kilómetro que recorremos hasta nuestra playa.

La pequeña ciudad también cuenta con un par de castillos rodeados de importantes historias relacionadas con las batallas por la independencia griega. En la tarde nos dimos un pequeño bufete de platos con queso en diversas formas, carne, ensalada y cerveza; hace rato no comía tan bien, hace rato no relajaba tanto.

Después de comer fuimos a la casa de familiares de nuestros colegas. Fue el único momento en que se habló de crisis, cuando mencionaban cómo en los colegios y empresas estaban anunciando el recorte de puestos el año entrante, cómo estaban despidiendo alguna gente y ofreciendo a otras puestos en otras sedes de la compañía, fuera de Grecia. Todo ello en medio de gente muy amable y risueña, de un sabroso café y de pequeños helados para amenizar en el calor, así que yo continuaba abstraído del asunto crisis.

Pero menciono la estadía en Nafplio, porque incluso el camino desde Atenas estaba marcado por problemáticas económicas. Se pagan 4 peajes en un trayecto que no llega a los 150Km; el más barato de €1.40 (creo) y el más caro de €2.80; las maravillas del ‘estado mínimo’. Qué contraste con las carreteras de calidad y sin peaje que se disfrutan en Andalucía.

También contrasta la forma de conducir. De cierto modo me siento en casa, pues se conduce como en Colombia. Nadie señaliza cambios de carril, las distancias de seguridad que se guardan son bastante reducidas (lo son más en Colombia) y no es complicado ver adelantamientos peliculeros, frenazos a punto de ser choques, etc. Pero desde la perspectiva de conductor en Europa se me quedaron principalmente dos cosas: a) que todo el mundo intenta evitar el carril derecho (el más lento)… incluso si van lento! Es como si ir por ese carril fuera un asunto de (menos) estatus social. Por ello, dicho carril solía estar vacío, salvo que hubiese un camión transitando; b) y tal vez en extraña conjunción con lo anterior, que se hacen muchos, muchos adelantamientos por la derecha.

Incluso cuando circulaba por el carril central, con el carril izquierdo completamente disponible, me adelantaron por el carril derecho en varias ocasiones, a demás de los adelantamientos similares que vi delante de mi. Mi perspectiva colombiana me permite entender que allí se conduce así y ya está, y me permite adaptarme. Pero no puedo entender la situación racionalmente. Está claro que un adelantamiento por la derecha aumenta altamente las probabilidades de encontrarse con alguien circulando sustancialmente más despacio y con ello las probabilidades de un accidente; además, si se respeta el uso de los carriles, se dispone de un carril de adelantamientos disponible constantemente, que termina en una circulación más ágil y segura para todas. Ello está demostrado en muchas carreteras europeas. No adelantan por la derecha porque lo consideren mejor; es una práctica repetida en la cultura de conducción local, probablemente reforzada por la evitación generalizada del carril derecho. El caso es que ‘se puede’ hacer y, en varios casos, le trae a su perpetrador el beneficio de un viaje más rápido, a costa de la seguridad del resto de personas que transitan. Lo hace porque sabe que es tan habitual que pasará como un caso más; lo hace consciente de que incrementa la inseguridad; lo hace convencido de que le ‘gana’ a las demás personas.

Sin intención de hacer un paralelismo directo con el ejemplo de la carretera (en economía puede parecer que el carril derecho es el más rápido), pronto me di cuenta, que era justo eso lo que había pasado en lo político-económico: un adelantamiento por la derecha. Un adelantamiento innecesario, a costa de la seguridad de la ciudadanía griega y de muchas personas en el sur de Europa que viven el impacto social de la austeridad. Un adelantamiento en el que quienes lo ejecutan creen que le están ‘ganando’ al resto y lo hacen conscientes de los riesgos que implica y los sinsabores que desata. Y en efecto están ‘ganando’: si se provoca un accidente es, con seguridad, su vehículo el que saldrá menos perjudicado. Conducción temeraria.

No seré yo quien ponga un punto en lo de la crisis griega, obviamente. Pero supongo que mi posición al respecto es relativamente sospechable.

  • Como dice Sakia Sassen: a) el gran problema no es la desigualdad o la tecnología, sino la injusticia y el sistema financiero; y b) la noción de austeridad es engañosa, sin significado… lo que sucede se llama ‘familias en la calle por hipotecas con fondos buitre’, ‘pacientes sin atención’, etc.
    Si queremos un eufemismo, tal vez ‘ahogo presupuestario’ resulte un poco menos hipócrita, pero se queda corto.
  • La ‘crisis’ está directamente relacionada con las jugadas realizadas para salvar algunos bancos, en las que se transfirió el resultado de las malas inversiones de bancos privados a las finanzas públicas, dependientes del bolsillo de la ciudadanía. Así lo documenta el periodista alemán Harald Schumann en el link al inicio el párrafo.
  • También está relacionada con una gestión política (PASOK y Nea Demokratia) muy cuestionable que desde hace rato viene afectando al país -y en la que Europa tiene parte de responsabilidad, como comentaba Varoufakis en 2014-.
    Syriza llegó a gestionar un estado -habilidosamente- arruinado.
  • En términos ético-filosóficos estoy con Varoufakis; creo que lo propio era rechazar un trato tan contrario a los derechos humanos, al propio programa político, a la sensatez económica, a la expresión ciudadana. Pero la realidad es que sólo se puede tomar esa posición cuando no se tiene encima el peso de la responsabilidad que ella implicaría. Creo que Varoufakis, de haber sido primer ministro, habría hecho lo mismo que hizo Tsipras.
    La otra opción era inimaginable, pues, aunque sí que había un ‘plan’ alternativo para salir del euro (min. 18:53, 19:41), el mismo contaba con una limitación enorme: el haberlo llevado a un punto de desarrollo superior a la prospección, corría el enorme riesgo de generar una profecía auto-cumplida -la exageración de la noticia del plan de salida podía generar la salida, incluso cuando en realidad no se quería salir del euro y la salida fuese un plan de última medida… como era el caso-. Hay que tener en cuenta que ni Tsipras ni Varoufakis creían que el ‘No’ fuera realmente a ganar en el referéndum (min. 7:44), que se llevaría a cabo tras una semana de bloqueo de bancos por parte del BCE como venganza por la convocatoria misma del referéndum.
    Se pueden escuchar esos detalles en palabras de Varoufakis durante una entrevista con el periodista Phillip Adams, en los tiempos señalados arriba entre paréntesis.
  • El más reciente ‘acuerdo’ griego es irrealizable. Antes o después será necesaria o bien la salida del euro o bien una reestructuración de deuda con quita incluida, como lo comenta el economista Paul Krugman, señalando además la salida de Grecia como un peligro para la eurozona.
  • Más aún, muchos argumentos ‘económicos’ se caen.
    Según el NY Times, el mismo FMI afirma que es necesaria una reestructuración de la deuda, con extendidos periodos de no-pago y quitas selectivas. Lo explican diciendo que la deuda es insostenible y que tiene previsiones de crecer. Y que para sanear sus economías después de la crisis, los países europeos sólo deben invertir en bonos de deuda cuando estos tengan la calificación máxima ‘AAA’, cosa que claramente no tiene la deuda griega [o eso entendí yo, ahí están los links].
    – En Grecia se trabaja más horas que en Alemania, según Forbes; nada de un país de vagos.
    – Y el caso ‘estrella’ para mostrar que lo que se está haciendo en Grecia funciona… es España! Un país que, según Eurostat, en Abril de 2015 tenía un 22.7% de desempleo, mientras Grecia tiene un 25.6 en el mismo periodo; les sigue, de lejos, Croacia con 16.2. También según Eurostat, la deuda de Grecia corresponde, en 2014, a 177.1% de su PIB, mientras que la de España es el 97.7% de su PIB (y sólo ha crecido desde 2008). Más arriba vimos que la diferencia de salarios mínimos tampoco es abismal. La deuda española está en su punto más alto -desde que empezaron las medidas de ‘austeridad’-, la deuda griega no ha bajado del 156% de su PIB desde 2011.

Creo indiscutible que es necesario que Grecia sea capaz de poner sobre la mesa unos compromisos claros a los que adherirse. Una unión política-económica se basa en la confianza entre las partes y los compromisos asumidos. Y creo que la UE es una iniciativa con mucho de positivo y potencial para aún más, que ha sido manejada de forma poco optima. Habría que apuntar a continuar en el euro en condiciones humanas, democráticas.

Obviamente, ello no puede implicar el sometimiento de una población, pues sería un acuerdo insensato para dicha población. He ahí el problema. Que Grecia lleva años aplicando unas medidas de austeridad que no han aliviado sustancialmente su deuda, generada en buena medida por jugadores del sector financiero privado; tampoco se ha mejorado la situación social, el bienestar, de la ciudadanía. Y le dicen que si sigue haciendo lo mismo, tal vez, dentro de algunos años de duro sacrificio, se podrá encontrar como España hoy, con ‘sólo’ el 97% del PIB en deuda y ‘sólo’ 22% de desempleo -‘lejos’ del 25% que tiene ahora- y con un salario mínimo levemente mayor. Además de no mencionar que ese ‘milagro’ español se logró en un estado con una deuda que ahora, en su punto máximo, es poco más de la mitad de la deuda griega. Y no porque funcione con 5, funciona con 10.

Así, tal cual. Habiendo opciones mejores en casi todos los sentidos -siendo su opción claramente dudosa-, los acreedores griegos prefirieron un adelantamiento por la derecha, que golpea el proyecto común europeo y pone en peligro a cantidad de personas para quienes la austeridad es perder el trabajo, o la casa, o la universidad de sus hijos, o la pensión, o tener un trabajo de 8 o más horas diarias y aún así no lograr mantenerse dignamente. Al final, es cierto que España demuestra que se pueden tener unas cifras macroeconómicas ‘ejemplares’ con unas cifras sociales deplorables, que se puede crear riqueza mientras se crea desigualdad (de la injusta). Vaya incentivo nefasto para un sistema económico!, pensar que se puede ‘estar bien’ con un 20% de desempleo. Parece que la desigualdad como ‘mal necesario’ le está dando paso a la injusticia como ‘mal exigido’ para que Europa funcione. Y no tendría porqué ser así; que lo afirma hasta el FMI.

Buena parte de mi opinión político-económica sobre la crisis no cambió sustancialmente con el viaje, he de admitir. Esta ‘crisis’ deja mucha gente afectada que debería ser reparada; no todos/as, pero la gran mayoría, son ciudadanos/as griegos/as del común. Pero sí se amplió mucho mi perspectiva. Como en el diferenciar la crisis económico-institucional de una crisis en las personas, aunque están estrechamente ligadas entre sí la economía, las instituciones y las personas (lo que afecta al todo, no necesariamente afecta a las partes que lo componen). Como en el ver que la gente ateniense te transmite que no sienten la crisis como propia, sino como algo que tienen que pasar; como una ola que vino y se irá.  En el percibir que tienen la clara conciencia de que su actitud es gran parte de la batalla. Y hablo de la actitud y no del esfuerzo, porque ese no puede ponerse en cuestión, ese ya existe (más horas que en Alemania), nunca paró.

Y es que ¿cómo te puedes creer que una crisis es tuya cuando cada año, durante muchos años, trabajas más cada vez y un día te dicen que trabajaste poco, que no estudiaste suficiente economía financiera al pedir tu hipoteca y que ahora tienes que pagar una deuda de casi el doble de lo que tienes (para que no se quiebre el banco, porque no eres tú quien estaba en quiebra) o asumir el caos? Eso no es serio.

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