“¿Qué papeles juegan los tipos de relaciones sexo-afectivas no hegemónicas en la temporalidad propia del neoliberalismo? Últimamente han surgido en varios medios de comunicación -de masas o relativamente alternativos- algunos artículos sobre “poliamor” y relaciones no normativas en los que de manera más o menos profunda analizan varios tipos de relaciones como prácticas generadoras de libertad pero… ¿a qué responde esta “moda”? ¿Es el “poliamor” la respuesta a nuestra vida sexo-afectiva? Intentemos reflexionarlo a través de la temporalidad que produce el neoliberalismo.

Pero partiendo de un neoliberalismo no en el sentido estrictamente económico, sino neoliberalismo como gestión diferente del tiempo y supresión de todos aquellos espacios en los cuales pueda caber una temporalidad diferente; como productor de una temporalidad intensamente acelerada, temporalidad que recoge el ritmo de la producción continua de mercancías, que asume la velocidad propia de la rotación del capital. Desde luego esta forma de producir tiempo no se corresponde con el ritmo del cuerpo; frente al ritmo propio de este, los tiempos actuales son ininterrumpidos, ya no se diferencian segmentos de descanso, de ocio, de consumo, de cuidados… No hay instante en el que unx pueda dejar de trabajar, comprar, comunicar o incluso –y por eso estoy escribiendo esto- ligar. Vivimos un tiempo en el que se produce una asimilación permanente de lo nuevo, una rapidez muy acelerada de circulación de imágenes, de afectos, de datos, de sensaciones… que provoca que no haya forma de articular una pausa.

Además esta temporalidad, y es lo que la hace terriblemente difícil de combatir, se justifica utilizando el lenguaje de la libertad y de la creatividad, y nadie podría estar en contra de tales conceptos. Se razona así: ahora que estamos libres de cualquier gran relato religioso, patriótico o político, somos enteramente flexibles para ser lo que queramos; somos empresarixs y gestorxs de nosotrxs mismxs, de nosotrxs depende nuestra valorización y depreciación, las cuales habremos de comunicar en las diferentes redes sociales.

Y es en esta situación concreta, analizada por Pablo López en la clase citada, donde aparecen las loas al poliamor en diferentes medios de comunicación, surgen ahora prácticas y formas de relacionarse que enarbolan la bandera de la libertad y en las que cada cual establece creativamente unos vínculos más o menos intensos con más o menos personas. Suena bonito desde luego, es probable que para muchas personas (entre las que me incluyo) lo sea, pero también hay varios aspectos a pensar teniendo en cuenta en que son desarrollados en una época de racionalidad neoliberal. Para mí son fundamentalmente dos aspectos: el género y el tiempo, y para pensarlos partiré de una cita de Alicia Puleo que dice “la asunción acrítica de una transgresión pseudoliberadora implica la aceptación de valores que esconden un subtexto de género”, a lo que añadiría que también implica un subtexto de temporalidad. Ahora bien, creo que sería un error desdeñar como pseudoliberador establecer relaciones sexo-afectivas no normativas porque estén dadas bajo condiciones neoliberales. Y sería un error porque la cuestión no es que esa libertad, esos afectos no sean genuinos, no sean “de verdad”; bajo la temporalidad neoliberal sí que se da una cierta satisfacción de libertad y sería una torpeza despreciarlo por ello.

El capitalismo, y más evidente que nunca en su condición neoliberal, se apropia de todo y en este tiempo intensamente acelerado que genera, tiempo de consumidores insomnes, de trabajadores insomnes, sí que hay una satisfacción cuando apps como Tinder o Happn nos permiten ser flirteadores insomnes. Igual que LinkedIn nos posibilita buscar trabajo a todas horas o que Gmail nos permite seguir trabajando desde el transporte público o desde casa; estas apps de ligoteo nos satisfacen la necesidad del consumo acelerado de imágenes y afectos. Es un tiempo donde “parece que es más importante la comunicación sostenida que el hecho mismo que estemos comunicando esto o aquello”1. Lo primordial es que tengamos 15 conversaciones similares entre los 100 matches, y es sustancial porque ello mismo es satisfactorio, porque la temporalidad neoliberal no es un proceso de dominación, de imposición, se trata de algo que genera sus propias formas de placer, sus propias formas de fetichismo. Se goza la temporalidad y ello es una experiencia ontológica per se, no una libertad-no-genuina. No es inimaginable desde luego que en tiempo de gestores-de-sí también lleguemos a ser gestores de nuestras propias relaciones múltiples, donde invirtamos en nosotrxs mismxs para aumentar nuestra valorización obteniendo más experiencias que serán comunes con futuribles matches, con potenciales parejas de nuestra red de relaciones.

Decía Pablo López que “el neoliberalismo aunque parece invencible por plantear un desafío infinito, ocurre que tiene un límite estructural: es incapaz de producir relaciones sociales (…) Se producen relaciones sociales no a través del interés, sino a través del compromiso, a través de algo que no son preferencias sino que son vínculos; la competencia no produce sociedad, la competencia es el desgarro completo de las relaciones sociales”. Pero no sé hasta qué punto las prácticas poliamorosas podrían ser reapropiables por el neoliberalismo como creadoras de relaciones disminuidas en intensidad que sean adecuadas para esos sujetos infinitamente flexibles bajo un tiempo intensamente acelerado. Quizás la monogamia tradicional suponga un límite para la reproducción del capital hoy en día y el neoliberalismo se tenga que apropiar de unas prácticas en principio disidentes para continuar su marcha. Desde luego es algo sobre lo que reflexionar.

Volviendo a la frase de Puleo, en este punto merece la pena pensar que si bien las relaciones no normativas pueden ser liberadoras de las cadenas exclusivistas de la monogamia, satisfactorias temporalmente bajo condiciones neoliberales, desde luego que no son liberadoras de los subtextos de género y de tiempo. Es perfectamente posible llevar relaciones no-monógamas donde los hombres cis sigamos ejerciendo terrorismo machista y donde el tiempo intensamente acelerado nos atraviese a todxs. Y es aquí donde es necesario hacer hincapié en la desarticulación de ambos subtextos y para ello creo que la categoría de cuidados tiene una importancia capital. El neoliberalismo se podrá apropiar de formas poliamorosas pero de lo que jamás se podrá adueñar es de la ética feminista de cuidados, y no lo podrá hacer porque ésta implica una temporalidad lenta e implica pausa y reposo. No me refiero a que al capitalismo no le hagan falta dichos cuidados, es obvio que sí pero limitado a las mujeres y por supuesto no remunerados; me refiero a que no le es asumible abandonar su ética individualista en beneficio de otra que ponga el cuidado de la vida como tarea primordial de la sociedad. Y por supuesto estos cuidados han de ser asimilados y puestos en práctica por los hombres cis, sólo así podremos empezar a revertir aunque sea mínimamente las infinitas violencias que llevamos ejerciendo siglos, sólo así podremos terminar con el androcentrismo que sigue dominando en la mayoría de relaciones, sean del tipo que sea.”

Source: Poliamores y temporalidad neoliberal | Dispara