“La oleada de atentados alrededor del mundo ha dado pie a la extendida identificación  del islam con la violencia y con el terrorismo. Sam Harris llegó a calificar al islam como un “culto a la muerte”, asegurando que “el martirio y la santidad del yihad armado son tan incontrovertibles en el Islam como la resurrección de Jesús es en el cristianismo”; según el son dos verdades aceptadas sin discusión alguna.

Se ha escrito mucho sobre la relación entre religión y violencia, pero en este texto me referiré apenas a un aspecto específico: el vínculo entre el islam y el terrorismo suicida, un tema que ganó mucho interés desde la década de 1980, que se hizo preeminente a raíz de los ataques suicidas contra las Torres Gemelas en 2001, y que otra vez se ventila cuando ocurre un episodio como los ataques en Bruselas de hace pocos días.

Sam Harris llegó a calificar al islam como un “culto a la muerte”.

Carlos Fernández Casadevante, decano de la facultad de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de España, afirmó en una entrevista reciente que la diferencia entre terrorismo islámico y otros terrorismos consiste en a  “que a estos terroristas no les importa inmolarse”. Pero aunque los ataques suicidas en nombre del islam tienen precedentes en el siglo XI –los fanáticos  organizados por Hassan as-Sabah, llamados por eso los hashshashin (a quienes se debe la palabra “asesinos”) los casos contemporáneos son realmente muy recientes.

Las imágenes de jóvenes y niños iraníes –algunos de los cuales llevaban alrededor de sus cuellos “las llaves del paraíso”– avanzando hacia el martirio para limpiar los campos de minas y atacar las formaciones iraquíes, al igual que los ataques de Hizbulá y de grupos palestinos contra la ocupación israelí, entre otras, han contribuido a consolidar esta idea.

Es la política

Miembros del Ku Klux Klan marchan en la Avenida Pensilvania de Washington D. C., en 1928.
Miembros del Ku Klux Klan marchan en la Avenida Pensilvania de Washington D. C.,
en 1928.
Foto: Wikimedia Commons

Sin embargo la evidencia empírica recogida en diferentes estudios académicos no avala el vínculo entre islam y violencia suicida -o por lo menos lo pone en tela de juicio-. Tras revisar 315 ataques suicidas entre 1980 y 2003, Richard Pape concluye que el mayor número no fue ejecutado por organizaciones islámicos, sino por un grupo hindú de Sri Lanka: los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE).

Entre los musulmanes, la mayoría de ataques suicidas no los cometió un grupo islamista radical, sino el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), organización secular nacionalista de izquierda con presencia en Turquía e Irak. Y de los 38 ataques suicidas ocurridos en Líbano en la década de 1980, los grupos islámicos solo fueron responsables de 8. Grupos cristianos y seculares realizaron 3 y 27, respectivamente.

La religión, pues, no ha sido la única o la principal motivación para los ataques suicidas, y cuando lo ha sido, el terrorismo no han sido monopolio de los musulmanes: también cristianos y judíos los han perpetrado. De hecho, uno de los episodios más sangrientos de las últimas décadas fue el ataque en 1994 del extremista judío Baruch Goldstein en Hebrón, cuando murieron 29 palestinos musulmanes mientras oraban en la Tumba de los Patriarcas.

La evidencia muestra que los ataques suicidas no son una tradición firmemente arraigada en el islam. Por ejemplo, en el libro Cutting the Fuse: The Explosion of Global Suicide Terrorism and How to Stop It, Richard Pape y James Feldman señalan que antes de 2001 no hubo ataques suicidas en Afganistán.

Igualmente, Martha Creenshaw afirma que antes de la invasión en marzo de 2003 nunca hubo ataques suicidas en la historia de Irak. Y pese a que la organización Hamás justificaba los ataques suicidas en términos de una “cultura de martirio”, en realidad esta era desconocida en la sociedad palestina. Los ataques suicidas en Palestina e Israel  comenzaron apenas en la década de 1990, tras la mencionada masacre de Hebrón.

Por otro lado la evidencia apunta a razones políticas, más que religiosas, como motivación principal de los atentados.

Durante el siglo XVIII, grupos musulmanes recurrieron a ataques suicidas contra el colonialismo occidental en Asia. Por su parte, la autora Karen Armstrong afirma que el terrorismo ha encontrado más inspiración en el nacionalismo que en la religión: “la negación del derecho de un pueblo a la autodeterminación y la ocupación de su patria por fuerzas extranjeras ha sido históricamente el agente de reclutamiento más poderoso de las organizaciones terroristas de tinte religioso o secular”.

La evidencia apunta a razones políticas, más que religiosas, como motivación principal de los atentados.

En su ya citada obra, Pape y Feldman revisaron los 2.100 ataques suicidas realizados hasta 2009 y lograron establecer una clara relación entre la ocupación militar y este tipo de atentados. De hecho argumentan que el 98,5 por ciento de los 1.833 ataques suicidas  entre 2004 y 2009 se explican por la ocupación militar, y el 92 por ciento por el despliegue de fuerzas de combate estadounidenses.

Los ataques comenzaron con el derrocamiento del gobierno Talibán por parte de Estados Unidos y aumentaron entre 2006 y 2009 tras el despliegue de fuerzas de la ONU en el resto del país y de 100.000 soldados pakistaníes en la región occidental de Pakistán.

Más del 95 por ciento de estos ataques no fueron ejecutados por pashtuns motivados por un yihad global, sino por la defensa de su territorio. Por otro lado, según Karen Armstrong, los ataques suicidas de Hizbulá en Líbano comenzaron tras las invasión israelí del sur del país en 1982.

Es también notable que los ataques suicidas se dirigían principalmente contra blancos militares o instalaciones civiles asociadas con gobiernos. Según Pape y Feldman, en Afganistán la abrumadora mayoría de los blancos fueron tropas estadounidenses y de la OTAN. Y según Creenshaw, los ataques suicidas de Hizbulá en Líbano tuvieron como blanco principal las embajadas de Israel y Estados Unidos, cuarteles militares franceses, estadounidenses e israelíes, y convoyes militares israelíes.

De acuerdo con cifras de la Fuerza de Defensa Israelí, solo el 4 por ciento de los ataques suicidas de Hamás estuvieron dirigidos contra civiles en Israel. En Cisjordania sin embargo, los blancos eran los colonos judíos y el ejército israelí. Sin embargo, según Human Rights Watch, entre el 30 de septiembre de 2000 y el 31 de agosto de 2002 hubo 60 ataques suicidas que produjeron la muerte de 226 civiles y solo 36 militares o policías israelíes.

Puro estereotipo

Cueva de los Patriarcas, donde fueron masacrados 29 palestinos el 25 de febrero de 1994 por el israelí Baruch Goldstein.
Cueva de los Patriarcas, donde fueron masacrados 29 palestinos el 25 de febrero de
1994 por el israelí Baruch Goldstein.
Foto:  JD Lasica

Como señalan diversos estudiosos, el islam no es una religión de paz ni una religión de guerra; es simplemente una religión. Y como en cualquier religión, los textos sagrados admiten diferentes interpretaciones y dan pie a prácticas contradictorias.

Muchas de las acciones realizadas por grupos en nombre del islam, justificadas por citas descontextualizadas o selectivas del Corán, son rechazadas de manera vehemente por otros musulmanes con el argumento de que contrarían sus enseñanzas y mandatos: el ataque contra civiles inocentes, el suicidio, la guerra ofensiva o la guerra contra correligionarios.

Sin embargo sería necio afirmar simplemente que quienes se amparan en el islam para realizar estos actos son tan musulmanes como el Ku Klux Klan y otros grupos que justifican su racismo con la Biblia en la mano son cristianos, sin preguntarnos por las razones de fondo que han llevado a la radicalización de tantos creyentes.”

Source: ¿Realmente matan los musulmanes por su religión?