“Eran las cinco de la tarde y la Plaza de Bolívar no parecía la plaza de Bogotá. Estaba tapada, como pocas veces, por miles de indígenas, campesinos y víctimas que venían de todas partes de la Colombia rural y que llegaban marchando, con alegría, como sobrevivientes de una guerra a la que nunca quisieran volver, a contarle al país urbano que no querían vivir nunca más eso y que pedían por un “acuerdo ya”.

Parte de ese país urbano, que normalmente ha sido indiferente, ayer se organizó para recibir a esas miles de personas y mostrarles su solidaridad.

Parecían estar respondiendo al llamado de Julieta Lemaitre en su blog en La Silla: “Estas semanas, estos meses, si no hay movilización ciudadana los políticos se limitarán a su oficio: conservar su poder, y permanecer vigentes”.

Por eso ayer, tras el totazo del triunfo del No y de la división del Establecimiento, la sociedad civil demostró que si el Gobierno no tiene un “plan B”, ellos, por ahora, tienen un plan A.

El plan A

Hacer una marcha que juntara a más de 30 mil personas en un mismo discurso y sobre todo coordinara a sectores muy distintos era un riesgo. Sobre todo porque se trataba de gente que no se conocía y que tenía muy pocos días para hacerlo.

Pero ayer la coordinación era impresionante.

Los estudiantes, con petos anaranjados, se encargaban de la logística. Consiguieron 20 mil flores blancas, los permisos, la tarima y 250 voluntarios para armar un cordón de 16 cuadras desde el planetario hasta la Plaza de Bolívar, que fuera una especie de camino de honor para que los miles de indígenas, víctimas y campesinos pasaran por grupos mientras la gente en a los lados les entregaba esas flores y les gritaba “no están solos”.

El cordón llegaba a la tarima, al pie del Capitolio, y la idea era que cada grupo que fuera entrando y en la plaza los recibieran como en un desfile, presentándolos con honores y aplaudiéndolos.

Primero llegaron víctimas con pancartas de la Mesa Nacional de Víctimas, seguidos por personas con letreros de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT; luego llegaron el director de la Unidad de Víctimas Alan Jara y el también exsecuestrado Sigifredo López, con decenas de víctimas que, como le confirmó a La Silla una fuente del Gobierno, vinieron a Bogotá para la audiencia pública que convocó para el lunes el senador Juan Manuel Galán para “dar sus sugerencias para renegociar los acuerdos”   y se quedaron para la marcha.

Pero los que se llevaron el aplauso más sonado fueron los miembros de la guardia indígena, los últimos en entrar. Eran miles de indígenas de todas las etnias con sus bastones arriba gritando: “Guardia, guardia. Por mi raza, por mi tierra”.

Los indígenas, como las víctimas, no vinieron a Bogotá propiamente por la marcha.

Ellos tenían desde hace rato organizado el IX Congreso Nacional de los Pueblos Indígenas, un evento que hace cada cuatro años la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic, para elegir a los diez miembros de su junta directiva, llamada consejo mayor. Lo hacen en Bogotá por el simbolismo de llevar la resistencia indígena al “mundo blanco, al de las élites”.

Desde el lunes comenzaron a llegar en buses de los 28 departamentos en los que hace presencia la Onic, que reúne a 102 pueblos indígenas.

Llegaron desde los sikuani de Puerto Carreño, luego de doce horas en lancha y muchas más por tierra, pasando por los yukpa del Cesar que se oponen a que la guerrilla se concentre en sus territorios y que luego de diez horas en burro llegaron al municipio de Becerril para seguir su viaje por tierra, hasta los kankuamos, los wiwas y los arhuacos de la Sierra Nevada, entre muchos otros.

Se quedaron toda la semana en el Colegio Claretiano de Bosa. La Silla estuvo allá el martes. Los salones estaban llenos de carpas y durante ese día se reunieron en las canchas y parques del colegio para hablar sobre cómo debían organizarse ahora que el Gobierno y el uribismo renegocian los acuerdos de La Habana.

Pero aunque inicialmente venían a su Congreso, que iba de lunes a viernes,  terminaron movilizándose porque se encontraron con los estudiantes durante una reunión que convocó la corporación “Viva la Ciudadanía”, que reúne a ocho ONG y hace incidencia desde la sociedad civil.

A esa reunión, según le contó a La Silla Daniela Amaya de la ong ‘Sinestesia’, que también ayudó a coordinar la marcha, fueron además de algunos representantes de los indígenas, miembros de la CUT, estudiantes y organizaciones de víctimas.

“Ese fue el puente con los demás sectores. Ahí hablamos de cómo podíamos organizarnos desde todos lados para hacer algo distinto”, nos dijo Amaya.

“Los indígenas nos contaron que venían y que estaban pensando movilizarse el día de la raza. Ahí nos enteramos que los estudiantes también estaban planeando una marcha como la del silencio y que justo también estaban tres mil víctimas que había convocado el Congreso. Nos dimos cuenta que si nos uníamos íbamos a hacer una presión mucho más poderosa” agregó.

Luego de esa reunión se encontraron en un salón comunal. Fue un representante de la Onic, otro del movimiento estudiantil y dos de Sinestesia.

“Ahí se nos ocurrió la idea de que los estudiantes recibieran a las víctimas y a los indígenas y les dieran las flores. Nos dimos cuenta que no podíamos hacer una marcha igual a la de la semana pasada. Había que sumar”, agrega Amaya.

A todos ellos se sumaron campesinos de varias organizaciones.

Como también le contó a La Silla Andrés Gil, uno de los líderes de la zona de reserva campesina y de Marcha Patriótica, desde el martes comenzaron a llegar, según él, unas 15 mil personas de 25 departamentos para unirse a la marcha.

Otros como César Jerez, uno de los líderes del movimiento de zonas de reserva campesina y de la Cumbre Agraria nos dijo que se movilizaron 3 mil personas de la Asociación Nacional de las zonas de Reserva Cempesina, Anzorc de regiones como el Catatumbo.

Todos esos sectores, tan distintos unos a otros, terminaron coordinados para que ayer, más que una marcha, se hiciera una puesta en escena de los actores que más han sufrido el conflicto armado en Colombia exigiendo un acuerdo rápido.

El mensaje central no era defender lo pactado en La Habana sino alcanzar un “acuerdo ya”.

La marcha más allá de la marcha

Justamente con el hashtag #AcuerdoYa, que fue trending topic en Twitter, la amrcha estuvo presente más allá de la Plaza de Bolívar y el centro de Bogotá.

Y es que además de las más de treinta mil personas que marcharon ayer, el apoyo a que el acuerdo se renegocie rápido viene de muchas otras esquinas y que muestra cómo ese país urbano que se está solidarizando no se queda en los estudiantes.

Uno de esos apoyos vino de una carta abierta de más de mil profesores universitarios de Colombia y de países como Estados Unidos y Holanda.

En el documento le piden al Gobierno, a las Farc y a los líderes del Sí y el No que no permitan que pase más tiempo sin solucionar las diferencias frente a los acuerdos. Y les dicen que la sociedad, pero sobre todo los estudiantes, demandan de ellos una disposición a flexibilizar sus posiciones.

Algo parecido también hicieron más de 445 colombianos que viven en el exterior con una carta dirigida al presidente Santos y a los jefes negociadores del Gobierno y las Farc, en el que piden “ser partícipes de la discusión colectiva que el país entero debe emprender” y aclaran que aunque cada uno se fue del país por distintas razones, no son ajenos a lo que pasa y que hay que seguir la negociación y “abrir el espacio al diálogo, sin que por ello se deba abrir a discusión plena todo el contenido de los mismos”.

Piden también que las delegaciones del uribismo y a quienes promueven el Sí a que “actúen con grandeza y eficiencia” y a que entiendan que “no existen acuerdos sin concesiones”.

Y el lunes 380 empresarios de todo el país, incluyendo a cacaos como Carlos Ardila Lülle, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Alejandro Santodomingo y David Bojanini, entre muchos más, también redactaron su carta pública, en la que hacen un “llamado a los representantes del Sí, a los del No y a los representantes de las Farc para que impere la razón, el interés nacional, el trabajo responsable y comprometido, dedicando sus máximos esfuerzos a la búsqueda pronta y decidida de un acuerdo definitivo”.

Todas esas personas, aunque no hicieron presencia en cuerpo en la marcha (que fue más de sectores de izquierda) sí se unieron a ese pedido que ayer en la plaza de Bolívar gritaban mujeres, indígenas, campesinos y estudiantes, y que confirma que hasta que no haya un acuerdo, la movilización social es el plan A de la ciudadanía. La del campo y la de la ciudad.”

Source: La marcha que muestra el plan A de la ciudadanía | La Silla Vacía