“El jueves 27 de febrero la Fundación Paz y Reconciliación reveló una investigación profunda y pormenorizada sobre los candidatos al Senado y a la Cámara de Representantes que podrían generar riesgo electoral.

La información fue recogida por Las 2 Orillas en un conjunto de artículos que sintetizan los aspectos más relevantes de la investigación

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El panorama es preocupante: muestra con claridad cómo Colombia —sobre todo ciertas regiones— sigue atrapada en lo que podríamos denominar un modelo de política mafiosa que hace parte de un sistema elitista que distorsiona el funcionamiento de la democracia y contribuye en gran medida a mantener a buena parte de la población sumida en la violencia, la pobreza y la miseria.

¿Cómo funcionan los mecanismos de este sistema y qué se puede hacer para debilitarlos?

Todo comienza con la cooptación de un electorado. Esto se hace de diversas maneras: compra de votos (a cambio de dinero, materiales de construcción, mercados, licores o electrodomésticos), clientelismo (direccionamiento de contratos, órdenes de prestación de servicios, puestos y cargos públicos, programas o servicios estatales hacia individuos, empresas o poblaciones específicos), y presión laboral o armada (exigencia de apoyo electoral a cambio de acceso mercados laborales —legales o ilegales— en una región específica, o a cambio de protección o amenazas de violencia).

Estos mecanismos de cooptación electoral se complementan con mecanismos de control de los votantes. Dado que el voto es secreto, y el elector podría engañar a quien le compró su voto, es necesario para estas maquinarias verificar de alguna manera el cumplimiento de dicha transacción. Esto se hace registrando a los electores cooptados, mediante líderes que confeccionan listas de cédulas, en puestos de votación específicos. Si la votación en un puesto de votación no cumple con la cuota esperada, dada la “inversión” en votos, la transacción no se completa o se ejercen represalias sobre los votantes registrados en ese puesto y sobre los líderes correspondientes.

Una vez obtenido el poder, este se va amasando y afianzando mediante la creación y la consolidación de una red de relaciones, favores y negocios que integra a los políticos elegidos con funcionarios públicos (seleccionándolos, apoyándolos o recomendándolos), contratistas (favorecidos por ellos y sus funcionarios) y líderes electorales (de quienes depende la clientela de votantes). Como estos intercambios son informales, ninguna de estas transacciones de poder está protegida por un contrato cuyo cumplimiento pueda ser protegido y exigido en los canales judiciales formales, y todo el sistema depende de instituciones informales basadas en la lealtad y la coerción, como los poderosos clanes familiares y las alianzas con estructuras criminales. De ahí que lo caractericemos como un sistema mafioso.

La gran tragedia de todo esto es que, si el estado funcionara como debiera, el sistema perdería su principal fundamento: personas que prefieren un día vender su voto y sufrir otros cuatro años. Una lógica racional en la que se prefiere una pequeña ganancia en el corto plazo a cambio de la pérdida de una ganancia mayor en el futuro, pero abstracta y lejana desde el presente. Una lógica trágica que hace parte de las trampas de la pobreza.

Por supuesto, los principales interesados en mantener a sus electorados desinformados, pobres y vulnerables cuando se dan estas dinámicas electorales clientelistas, son sus propios “representantes” políticos.

Por eso, entre más gente vote, y vote a conciencia, más eficiente será el estado, sobre todo para los pobres. ¿Cómo debilitar los mecanismos de la política mafiosa para romper con ese círculo vicioso, clientelismo – pobreza?

Primero, tenemos que mostrarle a quienes no votan, pudiendo hacerlo de manera consciente e informada (nuestros familiares, amigos, colegas), que el argumento “yo no voto porque los políticos son corruptos y el estado no funciona” es circular.

Segundo, dado que la gasolina que alimenta este sistema es el dinero, y particularmente el dinero mal habido, tenemos que debilitar las economías y los mercados ilegales. Para ello, hay que consolidar el proceso de paz y avanzar en la finalización de la guerra contra las drogas, puesto que el principal factor que alimenta nuestra guerra y nuestra criminalidad es el narcotráfico. También hay que iniciar un proceso de reestructuración de la fuerza pública y de los organismos de control en el marco de una lucha frontal contra las mafias.

Tercero: dado que lo que lubrica al sistema es la lealtad y la coerción, hay que tramitar una ley que permita inhabilitar para ejercer cargos públicos a los familiares de políticos condenados por vínculos con actores ilegales o por corrupción.

“La valentía es la primera de las virtudes políticas.” Hannah Arendt”

Source: Política mafiosa: diagnóstico y propuestas – Las2orillas

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