““Este es el amor amor, el amor que me divierte, cuando estoy en la parranda no me acuerdo de la muerte”, dice el himno parrandero. Así no se acuerden de la muerte, lo que sí no olvidan muchos de los poderosos que parrandean en el Festival de la Leyenda Vallenata, que terminó este fin de semana, son las movidas y relaciones que históricamente se han cocinado o destapado a ritmo de acordeón. Este año preelectoral, en el que la atención empieza a centrarse en quién estará con quién para las legislativas y las presidenciales de 2018, no fue la excepción.

El jueves de inauguración, en el llamado parque de la Leyenda, en el que se realizan los costosos conciertos con artistas internacionales y algunos concursos, fue unánime el aplauso al espectáculo musical que celebró el comienzo de la fiesta determinante para que el vallenato hoy sea uno de los símbolos más queridos y universales del país.

El comentario político corrió por cuenta de la ausencia ese día del mandatario Juan Manuel Santos, quien no asistió pese a que aparecía en la programación oficial.

Dicen que algunos le tenían preparada una rechifla. Una parecida al abucheo del año pasado, cuando tampoco asistió, pero sí envió un saludo en video para cumplir con la costumbre presidencial de no fallar al primer día del Festival. Esta vez ni video.

Pero si alguien se quedó con ganas de chiflar a un personaje nacional, seguramente pudo desquitarse al día siguiente en la tradicional plaza Alfonso López, en donde se llevan a cabo presentaciones gratuitas, que básicamente son las rondas de los concursos de acordeón y canción inédita.

Aunque en ocasiones algunos creen que la nuez del Festival Vallenato son los conciertos internacionales, es ahí en esa plaza en donde está el corazón y la razón de ser del evento que dura cuatro días todos los abriles.

El viernes la gente estaba precisamente esperando que arrancaran los concursos. Las cientos de personas, entre asistentes y vendedores de trago, comida y chucherías, que colmaban no sólo el área de la explanada sino el cuadrado que forman las calles a su alrededor, a las 10 de la mañana padecían como si estuvieran dentro de un horno prendido.

La cosa, sin embargo, no arrancaba y el sol tenía encendido el desespero. Es muy posible que ese estado de sofoco infinito haya sido definitivo para lo que pasó: el atraso en la presentación de los concursantes a rey de reyes del vallenato se debía a que el ministro de TIC David Luna iba a inaugurar unas zonas de internet gratis allí. Cuando apareció lo abuchearon a él y al expresidente Ernesto Samper que también subió a la tarima Francisco el Hombre.

“¡La plaza se respeta, esto ahora es de los músicos!”, gritó un señor. “¡8.000, 8.000!”, corearon otros, como lo registró en video el columnista Jacobo Solano.

Al final, la inauguración de Luna no duró mucho y el tema no pasó a mayores.

En la tarde de ese día arrancaron las parrandas privadas, el centro de las movidas de los poderosos nacionales y locales.

Desde 1967, cuando nació, el Festival Vallenato ha festejado a los viejos juglares y su canto poético, y se ha convertido en un soporte de la economía formal e informal que mueve unos 40 mil millones de pesos anuales. Pero, al tiempo, ha servido para que fuerzas locales hayan creado y sigan creando lazos clave con las élites de Bogotá.

Ese matrimonio se forjó justamente en las parrandas y se explica en que fue precisamente un hijo de esa élite cachaca quien impulsó la creación del evento: el expresidente Alfonso López Michelsen, homenajeado en esta versión 50 junto a los otros dos fundadores, el maestro Rafael Escalona y la asesinada exministra Consuelo Araújo Noguera ‘La Cacica’.

La parranda es un ritual de gozo arrebatado y compañerismo que congrega. Repetirlo cada año con personas que tienen poder de decisión a nivel central ha sido fundamental para levantar el departamento del Cesar, que tiene exactamente la misma edad del Festival. Y para impulsar nombres de procuradores, contralores, ministros, magistrados y congresistas vallenatos, como ya lo hemos contado en La Silla Caribe.

El alcalde de Valledupar Tuto Uhía, quien además ha sido cantante, lo explica así en la lógica de su función como mandatario: “La verdadera parranda es la que se dialoga, por eso es la oportunidad de los acercamientos institucionales. Ahí no se cierra la gestión, pero se afianza la amistad. Mañana, cuando te pones la corbata y vas a Bogotá a tocar la puerta, allá ya saben quién eres”.

“Lo que pasa es que aquí los ministros, los embajadores, los altos funcionarios, toda la cachaquera (como le dicen los vallenatos a la ola de interioranos que se toma su ciudad en el festejo), se vuelven locos”, agrega por su lado un congresista, “uno los consiente y después ellos lo consienten a uno”.

Ya no se hacen en viejas casonas con los músicos bajo el palo de mango, sino más bien en clubes o casas de campo exclusivas, invitadas por políticos o por grandes marcas como Old Parr, y con artistas en tarimas.

Una de las primeras en esta ocasión la ofreció el portal kienyke. Fue en una casa de campo, a eso de las 4 de la tarde, y estuvo combinada con un conversatorio en homenaje al acordeón.

Entre los panelistas estuvieron el Alcalde Uhía, el gobernador Franco Ovalle, el cantante Peter Manjarrés, el compositor y gestor cultural Beto Murgas y el gobernador de Antioquia Luis Pérez, quien en cuestión de semanas pasó de condecorar en su tierra al reguetonero Maluma a hablar de La Gota Fría en Valledupar.

Por la noche, cuando ya sonaba la música y se repartían el whiskey, las cervezas y los pasabocas, llegó al lugar la excanciller y actual secretaria de Integración Social de Bogotá, María Consuelo Araújo Castro. Vallenata. La acompañaban su esposo y una de sus hermanas.

Una persona en una mesa cercana comentó al ratico que probablemente el otrora poderoso grupo político que tuvo la familia de la exministra va a intentar jugar en las elecciones de 2018 vía las movidas de dos de sus hermanos. Pero que, a pesar de eso, los Araújo Castro “no gastan, pues este año no tienen parranda”.

Araújo Castro, ¿sin parranda pero con reencauche?

Varias de las parrandas privadas más famosas y recordadas en la historia del Festival Vallenato se realizaron en casa de los Araújo Castro, cuyo patriarca es el exministro Álvaro Araújo Noguera, hermano de La Cacica. En el pasado tuvieron mucho poder y fueron dueños de las mejores relaciones con la dirigencia del país, especialmente durante los gobiernos de Álvaro Uribe.

La sombra de la parapolítica los hizo entrar en decadencia. Sucedió luego de que el excongresista Álvaro Araújo Castro, hijo de Araújo Noguera y hermano de María Consuelo, fuera condenado por hacer alianzas con los paramilitares. (También por la condena que recibió por los mismos motivos el exgobernador Hernando Molina Araújo, hijo de La Cacica).

El comentado reencauche, como contaron dos fuentes de primera mano en un escenario distinto a la fiesta de kienyke, tiene que ver justamente con el excongresista Álvaro Araújo Castro.

Resulta que en una medida cautelar, el Consejo de Estado le devolvió la personería jurídica del partido llamado Alas que ese político fundó a fines de los 90 y que se hizo nacionalmente famoso porque varios de sus militantes resultaron condenados por parapolítica.

“Alvarito” o “Varo”, como le llaman algunos de sus conocidos, se está moviendo para apostar en las legislativas del año entrante con una lista a la Cámara por esa colectividad.

Las dos fuentes cercanas a él aseguran por aparte que se lo escucharon decir: Araújo Castro ha viajado ya a varias ciudades para hablar con posibles aliados sobre eventuales candidaturas por Alas.

De hecho, en el Cesar le ofreció un cupo a la Cámara al excandidato a la Alcaldía por Cambio Radical Jaime González, quien es pariente suyo. González no aceptó porque quiere volver a aspirar al primer cargo de Valledupar y hoy está más cerca al grupo del exmandatario Fredys Socarrás.

Aunque ya él no pueda aspirar debido a su condena, dicen que seguramente a Alvarito le servirá para su imagen en estos meses el lanzamiento de la serie ‘La Cacica’, que Caracol Televisión grabó sobre la vida de la fundadora del Festival Vallenato.

Allí, el excongresista, que de hecho comenzó su vida pública como actor, hace el papel de su padre Álvaro Araújo Noguera. El programa iba a salir este semestre, pero fue aplazado para el siguiente.

A su movida se suma la aspiración que suena a Senado de su hermano mayor Sergio Araújo Castro, una de las figuras importantes del uribista Centro Democrático.

La candidatura de Sergio, que en 2015 aspiró por el uribismo a la Alcaldía del Valle, no es un hecho. Pero se está cocinando y por ahora depende de si Uribe decide presentar lista abierta o cerrada. El excandidato preferiría lo segundo o lo primero únicamente en caso de que en su colectividad le aseguren un buen puesto.

Parranda pintada de rojo

El sábado fue el día de las parrandas.

Una de las más sencillas fue la del exalcalde de Valledupar por firmas Fredys Socarrás. Él, que en su Gobierno creó la escuela vallenata de paz (para la cual contrató a la polémica Natalia Springer), ofreció un festejo en honor al ministro del Interior Juan Fernando Cristo. En las invitaciones recordó que este fue el primer Festival Vallenato en tiempos de paz con las Farc.

Además de Cristo, entre otros, asistieron el senador liberal del Huila Rodrigo Villalba, el excandidato liberal a la Gobernación del Cesar Arturo Calderón y el exaspirante a la Alcaldía de Valledupar por Cambio Radical, Jaime González.

Fue un almuerzo sencillo en una casa de campo, pasado con whiskey, y amenizado por Emilianito Zuleta (uno de los mejores acordeoneros de la música vallenata) y por el grupo llamado Los Juglares Vallenatos, que está conformado por viejas glorias como el rey vallenato Chema Ramos y que también fue creado por la Alcaldía durante la Administración de Socarrás para apoyar a los juglares.

El trasfondo de este festejo es el acercamiento del grupo de Socarrás al Partido Liberal, que quedó diezmado y sin mayor representación en el Cesar desde la captura en 2014 del excongresista rojo Pedro Muvdi (investigado por sus presuntas relaciones con los paramilitares).

El exmandatario -que se eligió con casi 50 mil votos y en las pasadas regionales jugó por el vargasllerismo en apoyo a Jaime González- y varios de sus hoy aliados están pensando respaldar la eventual precandidatura presidencial del liberal Cristo. Y, más allá, de quedarse con la carta que definan los rojos para la Presidencia en 2018.

La parranda fue una manera de declarar esa intención. Hasta 2015, cuando las locales, esos votos se veían más cerca de la candidatura de Germán Vargas Lleras.

Pero aún perdiendo a Socarrás y sin necesidad de pasar por el Festival, podría decirse que Vargas fue uno de los reyes del evento, pues durante el mismo quedó ratificado el súper poder que ostentan sus principales aliados cesarenses.

Sucedió en la que llaman “la mamá de las parrandas”.

(Por el Festival este año pasó hasta el precandidato del Polo Jorge Enrique Robledo, que el jueves se reunió con unos líderes indígenas para hablar de la Sierra Nevada y luego ofreció un almuerzo a los periodistas. “Soy un cachaco que disfruta la Costa y el Festival”, dijo).

El poder Gnecco ratificado en La María

En Valledupar dicen algunos que la mamá de las parrandas en época de Festival es la que ofrecen desde hace 10 años los Gnecco, en cabeza de la matrona Cielo Gnecco Cerchar, en su casa de campo llamada ‘La María’.

El festejo es una suerte de mito para muchos vallenatos que nunca han podido entrar a la rumba en la que además de que nunca falta el whiskey, la comida y las atenciones, se presentan en una seguidilla de conciertos los mejores grupos vallenatos bajo una gran carpa con aire acondicionado.

Los invitados exclusivos siempre evidencian las grandes relaciones que tiene con la dirigencia nacional y local la casa política más poderosa del Cesar. (Tienen la Gobernación, al único senador, alianza con las cuatro cámaras e influencia en casi todas las 25 alcaldías, incluyendo la de Valledupar).

Un clan proveniente del sur de La Guajira que, por un lado, es señalado por tener de pariente al condenado exgobernador guajiro Juan Francisco ‘Kiko’ Gómez y por haber tenido como cabeza a un hombre referenciado como protagonista en la génesis del paramilitarismo en el Cesar. Y, por el otro, es buscado por los dirigentes de Bogotá que quieren sus votos y su gran poder económico.

Como lo hemos detallado en La Silla Caribe, los Gnecco fueron clave en la reelección del presidente Juan Manuel Santos. Se echaron al hombro la búsqueda de los apoyos del Cesar para el santismo en segunda vuelta. En varias historias que hemos publicado, numerosas fuentes han asegurado que ese grupo asumió los gastos del departamento para esas elecciones y no pidieron recursos a la campaña en Bogotá.

A su fiesta (a la que asistí con invitación formal) estuvieron altos funcionarios del Estado y políticos importantes.

El procurador general Fernando Carrillo, el registrador nacional Juan Carlos Galindo, el presidente del Consejo Nacional Electoral CNE Álex Vega, el presidente del Congreso Mauricio Lizcano, congresistas como el liberal Lidio García y el uribista Jaime Amín, la mayoría de los 12 gobernadores que fueron al Festival, exgobernadores, posibles candidatos…

Todo un collage de poderosos y súper poderosos que pocas casas políticas son capaces de congregar en un solo espacio. Mucho más teniendo en cuenta que algunos de esos personajes, como por ejemplo el Procurador o el Presidente del CNE, pueden eventualmente llegar a tener en sus manos averiguaciones que tengan que ver con ellos.

Probablemente, el jolgorio y la algarabía por las presentaciones de Poncho Zuleta, el ‘Churo’ Diaz, Silvestre Dangond, los músicos del fallecido Martín Elías, Jorge Celedón, no dieron tiempo ni espacio para definir movidas políticas. De hecho, en esta ocasión ni siquiera hubo saludos a políticos en micrófono, como otras veces los ha habido.

Pero el solo hecho de la mega parranda ya es una gran movida política.

Los Gnecco, según se comenta en el Cesar político, intentarán el año entrante ganar otro senador, Pero no por La U, en donde tienen ya al congresista José Alfredo Gnecco. Por Cambio Radical, con el que sellaron una alianza desde 2015.

Ese año, el vargasllerismo y los Gnecco se unieron para hacer gobernador a Franco Ovalle, que es uno de los mejores amigos de Vargas y a la vez recibió el respaldo de ese clan.

La movida, según un político de Cambio Radical en el Cesar, incluye que en estas legislativas la casa Gnecco respalde a un senador cesarense con sello vargasllerista, que por ahora sería el exalcalde de La Jagua Didier Lobo. Y a Vargas a la Presidencia.

Pero el sábado de parranda en La María con seguridad no hubo momento ni silencio para hablar de eso. La rumba vallenata que arrancó después de mediodía seguía prendida pasada la medianoche.
(Encuentre en esta galería de fotos las sociales de los poderosos en el Festival Vallenato. Haga clic en los puntos para verlas).” [ver galería en artículo original]

Source: El poder a ritmo de vallenato (con las sociales del Festival) | La Silla Vacía

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