“¡Le Pen ha caído, hemos vencido al fascismo, viva Macron! Pues ya está. Problema resuelto. Muerto el perro de las elecciones francesas, se acabó la rabia fascista y podemos seguir con la orgía capitalista como si aquí no hubiera pasado nada. Como si el capitalismo salvaje, el capitalismo de amiguetes y el neoliberalismo no hubieran tenido nada que ver en el regreso del fascismo. Cuando el sistema se vino abajo con la crisis, Sarkozy dijo que iban a refundar el capitalismo, o sea, que iban a recoser a Frankenstein. Hoy ni eso. Nos hemos librado de la bruja, que siga la fiesta. ¡Vive la France, vive le capital!

El paso del alivio al olvido ha sido instantáneo. Nos olvidamos de que las políticas financieras de los Macron de turno nos han traído a las Le Pen y de paso enaltecemos un poquito el libre mercado sin hacer ni una mínima autocrítica. Al contrario, la derecha ha aprovechado la victoria de Macron para hacerse un blanqueamiento que ríete tú de Michael Jackson. La pirueta ha sido de circo mundial. No sólo se han quitado de encima toda responsabilidad sobre el populismo y se la han echado a la izquierda, además le quieren quitar el sitio histórico en la lucha contra el fascismo. De pronto, toda la derecha es de extremo centro y antifascista. Cágate lorito.

O sea que porque Mélenchon, sus militantes y otros izquierdistas no han querido votar a favor del mal menor (discutible, pero defendible para antifascistas que también son anticapitalistas), ahora resulta que los demócratas, los defensores de las libertades y derechos sociales, los garantes de la democracia, son los que han vendido la soberanía popular al capital. Acabáramos.

Sin duda, la izquierda europea ha fracasado y ha dejado que la ultraderecha gane terreno porque se ha entregado al lado oscuro (los socialistas) o porque no ha sabido conectar con las necesidades materiales del pueblo (el resto), como sí ha hecho el populismo nacionalista y xenófobo. Pero lo que más contribuye al fascismo ideológico es la ideología de Mercado. O mejor dicho, la teología del Mercado, el ultraliberalismo, que es el nuevo fascismo.

Siento utilizar un término tan desgastado pero realmente es totalitario, fascista, su control de las masas y las mentes, su aplastamiento de las personas, su destrucción del planeta, su crueldad, voracidad e indiferencia con los que sufren y las guerras, hambrunas, expolios, esclavismo, pobreza y desigualdad que provoca. Es la nueva dictadura de aspecto blando pero de efectos devastadores como los totalitarismos de antaño.

Del nacionalsocialismo hemos pasado al “multinacional socialismo para empresas”. Eso es el neoliberalismo: socialismo para empresarios, el Estado al servicio de las multinacionales, no de las naciones. El fascismo de antes era feo, rudo, militar. El de hoy es tan suave, agradable y atractivo que llamarlo fascismo parece de mal gusto, exagerado, demagógico. Es fascismo cuqui. Fascismo que mola. El fascismo cool de nuestras sociedades progresistas y avanzadas. Como dice el cómico Ignatius Farray es… ¡fascismo del bueno!”

Source: Fascismo del bueno

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