“¿Es antidemocrático que la Cámara haya hundido el referendo sobre adopción, que fue respaldado por millones de firmas y tenía buenas probabilidades de ser aprobado por la ciudadanía?

Si uno entiende por democracia que las mayorías hacen lo que quieran, pues nunca se equivocan, entonces la conclusión es obvia: esa decisión de la Cámara fue antidemocrática, pues le impidió al pueblo soberano resolver si privaba o no de la posibilidad de adoptar a las parejas del mismo sexo y a los solteros.

Esa concepción simplista de democracia, que glorifica el poder de las mayorías, es, sin embargo, minoritaria en la filosofía política y no corresponde a nuestra Constitución. Las visiones constitucionales son más complejas porque se basan en la soberanía popular, pero también en la prohibición de la discriminación y el respeto igualitario de los derechos de todos. Por eso señalan que las mayorías tienen derecho a gobernar y a tomar todas las decisiones trascendentales, pero siempre y cuando lo hagan en beneficio de todos. Una democracia se corrompe entonces cuando las mayorías usan su poder para favorecerse y discriminar a minorías sociales estigmatizadas.

Esta concepción no es una invención del lobby gay, como sostendrán algunos, sino que viene de Aristóteles. Este filósofo distingue las formas de gobierno con dos criterios: el número de gobernantes y si gobiernan buscando el interés de todos (formas puras) o el interés del propio gobernante (formas corruptas). Esto da seis formas de gobierno: el gobierno puro de uno (monarquía) y su forma corrupta (tiranía); el gobierno puro de pocos (aristocracia) y su forma corrupta (oligarquía); el gobierno puro de la mayoría, que podemos llamar democracia, y su forma corrupta, que algunos llaman demagogia y otros tiranía mayoritaria.

(Una digresión: modifiqué levemente la terminología de Aristóteles, que es un poco distinta, pero eso no altera la esencia de su construcción.)

Esta tipología aristotélica ha sido una de las más exitosas en la filosofía política. Fue retomada casi literalmente por santo Tomás y está incorporada en las mejores constituciones contemporáneas, como la nuestra. Es natural que así sea, pues no es justo sino una perversión de la democracia que las mayorías abusen de su poder para discriminar a minorías religiosas, étnicas o sexuales. ¿O sería justo y democrático que las mayorías católicas de los años cincuenta hubieran votado un referendo para privar de la posibilidad de adoptar a las minorías cristianas no católicas, con el argumento (sin ningún sustento científico) de que las mejores familias eran las católicas? Pues algo semejante era lo que buscaba el referendo impulsado por la senadora Morales, que buscaba aprovechar los prejuicios homofóbicos que subsisten en las mayorías heterosexuales en Colombia, para legitimar popularmente la discriminación contra la comunidad LGBTI. Y por eso fue justo y democrático que ese referendo haya sido rechazado por la Cámara. Haberlo aprobado hubiera sido abrir el camino para la perversión de la democracia colombiana.”

Source: Democracia y minorías | ELESPECTADOR.COM

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