“El que vivamos más o menos 100 años tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja es que aprovechamos el tiempo, nos damos prisa, aprovechamos las oportunidades que vida nos ofrece, porque sabemos que cuando se nos acabe la batería ya no hay manera de recargarla. Sabemos que nos tenemos que adaptar a las dimensiones humanas, no podemos vivir 200 años. El inconveniente de que no pueda ser más de un siglo es que nos parece que todo lo estamos viviendo por primera vez en la Historia.

Por ejemplo, hacemos activismo político y creemos que —sin saber por qué ¿las redes sociales?— ahora vamos a conseguirlo de manera más sencilla que quienes se jugaban la vida en la dictadura, o que quienes lo hacían a principios del siglo XX. ¿Por qué es igual de complicado ahora que antes convencer de unas determinadas ideas políticas que vemos tan claras, que nos parecen tan obvias? Porque hay algo que no ha cambiado en un siglo, ni dos, ni treinta: El funcionamiento básico del cerebro humano.

El cerebro humano es como es, funciona como funciona. Otra cosa es que descubramos que las cosas no son como creiamos antes. Nuestro cerebro tiene sus limitaciones. A todo el mundo le gustaría aprender un idioma en una semana. Pero no hay otra manera de aprenderlo que practicar todos los días durante mucho tiempo.

Las relaciones no monógamas, un cambio tan radical de sentimientos y conducta, no es algo que se pueda hacer en un fin de semana. Sí se puede reunir información sobre qué dirección seguir, qué colectivos existen, algunas recomendaciones básicas pero… de nuevo, el mantra neoliberal aqui tampoco funciona: QUERER NO ES PODER. (Además de ser algo que no es para todo el mundo).

Por eso en una serie de posts iré dejando aquí contenidos que puedan ayudar a hacer ese recorrido de manera que no volvamos a cometer los errores que se han cometido una y otra vez. O por lo menos reducir los daños todo lo posible. Como decía el texto de Felix López que enlacé ayer, la “demonización de los celos me recuerda lo que ocurría en las comunas y grupos revolucionarios de los años 60-70, cuando los jóvenes se empeñaban en negar ciertas emociones entre las que estaban los celos, el sentimiento personalizado de maternidad y paternidad, etc. Intento vano, como reconocen hoy tantos de los que lo hicieron sufriendo las consecuencias de ese error, contra natura.”

¿No nos convence el comentario de un psicólogo? ¿Es más válido el de las feministas valencianas del que me hablaron, un grupo muy activo que ya estaba intentando poner en práctica la no monogamia hace más de 10 años? Partieron de un punto de vista distinto, desde la deconstrucción de los mitos del amor romántico y sucedió lo mismo que en los 60 y 70, por lo visto: Intentaron llevar sus emociones a donde tenían sus ideales… y se quedaron las emociones por el camino, con el sufrimiento que provoca llevar nuestras ideas y conductas por delante de nuestros sentimientos, de nuestro aprendizaje emocional.

Y ahí vamos, de nuevo, una década más tarde, a intentar hacer ese aprendizaje de nuevo, pero lo mejor es hacerlo aprendiendo de los errores que se cometieron antes. Ese aprendizaje preferimos que sea con la ayuda de herramientas que tengan alguna base experimental, que se hayan probado y se tengan unos datos que avalen que eso funciona, siempre desde una perspectiva humanista, como es la de la psicóloga a quien recurrimos, Wara Rojo. No hace falta ofrecerse como cobayas “a ver si sale bien”.

Dejemos de empeñarnos en discursos culpabilizadores por sentir tal o cual cosa… Nos han educado en los dichosos mitos del amor romántico, están presentes en todas partes y no es tan raro caer ahí una y otra vez. ¿Dónde se deja el apego adulto?¿Se pretende ignorar algo de semejante importancia, como si no existiera, como si no nos hicieran falta figuras de apego que nos sirvan de base para avanzar y desarrollarnos en la vida?.

Algunos discursos superficiales sobre el poliamor —y que suenan muy cool sobre el papel— pueden ser una muy buena charla para tenerla en un bar o para impresionar a alguien con una visión muy avanzada de las relaciones humanas o con el conocimiento profundo de las maneras de desmontar este sistema social. Pero esos discursos poco fundados en la realidad —y más en los deseos— son más dolorosos cuando se intentan aplicar directamente en la vida de la gente. Salimos de un corsé para meternos en otro. Nos liberamos de un modelo para caer en otro más. Y se acaba sufriendo y perdiendo las fuerzas por el camino de un corsé al siguiente… hasta abandonar unos años más tarde, una década más tarde, como se hizo en los 60, en los 70, a comienzos del siglo XXI… Hay experiencias anteriores que sí funcionaron. Hay aprendizajes que sí están probados. Quizá es mejor idea aprender de ahí en lugar de intentarlo a la fuerza otra vez.”

Source: ¿Vamos a cometer otra vez los mismos errores con la no monogamia? | Golfxs con principios